La difícil situación de los cuidadores de colonias felinas: "Siempre los peor parados son los animales"

Imagen de archivo de una colonia felina en Valencia.
Imagen de archivo de una colonia felina en Valencia.
Jose Antonio Bernat Bacete/GETTY
Imagen de archivo de una colonia felina en Valencia.

En 2021 en las calles españoles vivían, al menos, 118.000 gatos fruto del abandono. Así lo reflejan los datos del estudio realizado por la Fundación Affinity sobre abandono y adopción de perros y gatos en España, en el que tan solo podemos ver la cifra de mininos recogidos de las calles. Pero, ¿qué hay de los que no pueden ser rescatados?  

Tan solo en Madrid hay 1.860 colonias felinas según el registro de poblaciones felinas de Madrid Salud, en las cuales habitan un total de 30.000 animales que son gestionados, en su mayoría, por voluntarios que dedican su tiempo y recursos al cuidado de estos mininos que no pueden regresar al hogar (debido a su comportamiento salvaje).

No obstante, hacerse cargo de una colonia felina no es solo ir a ponerle pienso y agua a los gatos a diario. La labor va mucho más allá, siendo necesario un control de la población de gatos de cada colonia, la esterilización para evitar que esta crezca y otras labores que, en algunas ocasiones, disturban a los vecinos de la zona en la que se encuentran las colonias.

Algunas protectoras de animales dedicadas a la gestión de colonias felinas ha manifestado sus quejas a través de las redes sociales, donde sus voluntarios describen el robo de comida, al envenenamiento de gatos o a la destrucción de los refugios para los mininos. ¿A qué se deben estos comportamientos y cómo los afrontan los gestores y voluntarios?

Maltrato hacia los animales y al cuidador

Alba Martínez, gestora de varias colonias felinas en la Comunidad de Madrid, quién ha preferido no revelar su nombre por la protección de los gatos que cuida, asegura que cuando gestionas una colonia felina "te puedes enfrentar a un maltrato hacia los animales y al propio cuidador".

"El cuidador intenta siempre no meterse en conflicto, a pesar de que tanto el gato como el cuidador están protegidos por la ley", asegura Martínez. "La mejor forma de resolver cualquier problema es el diálogo y la información, ya que considero que los problema vienen precisamente de la desinformación sobre la gestión de colonias felinas".

Para Martínez, la convivencia con una colonia felina es equivalente a la que tenemos con los pájaros y otros animales que habiten en el entorno urbano, por lo que nos tenemos que adaptar a ellos también. "El problema es que los humanos pensamos que somos dueños del planeta y la adaptación nos molesta", comenta. "La gente se queja de los gatos igual que de los pájaros".

Nos encontramos envenenamientos e incluso disparos. También hay agresiones a los cuidadores, intimidaciones, insultos...

"Una colonia felina es muy accesible, ya que está en la vía pública, por lo que muchas veces nos encontramos envenenamientos e incluso disparos (la gente utiliza escopetas de aire comprimido contra los animales)", relata. "Y también hay agresiones a los cuidadores, intimidaciones, insultos... Nos tachan de locos de los gatos cuando en realidad es una labor preciosa y digna de alabar".

Helena Andrés, fundadora del Santuario La Vega Cats, que también gestiona colonias felinas en el aeropuerto de Madrid, coincide con Martínez. "Las situaciones a las que nos enfrentamos son muy variopintas: desde que nos agredan cuando vamos a alimentar a los gatos, hasta que nos interrumpan durante la captura de algún gatito, pasando incluso por agresiones físicas".

"Según en qué zonas, los vecinos nos rompen los comederos y bebederos, les dan patadas a las camitas o incluso te roban el pienso, a veces ni para quedárselo, si no para tirarlo a la basura más cercana", lamenta. "Hay gente que incluso no quiere que te lleves a los gatos porque defienden que viven muy bien".

Helena asegura que también dejan gatos domésticos que se han caído de los balcones en las colonias "por no querer llevarles al veterinario" y que "les dejan restos de comida del cocido o el pollo encima del pienso, ensuciándolo todo". "Luego nos dicen que es que somos nosotros los que ensuciamos...", se queja.

"Estas situaciones también afectan a los gatos, que viven con miedo, sin dormir profundamente, siempre en alerta", explica. "Además de las difíciles condiciones de frío, lluvias y calor, la gente les escupe, los apalean... Una colonia felina no es como un santuario, donde estás más pendiente de ellos y su seguridad".

Un gato disparado por una ballesta.
Un gato disparado por una ballesta.
CEDIDA

Por su parte, Martínez recalca que los peligros a los que más se enfrentan los animales son los envenenamientos y el maltrato físico. "La gente compra ballestas que se pueden adquirir sin licencia y los dispara o les tiran piedras", cuenta.

"Cuando son pequeños, antes los ahogaban en cubos de agua, ahora les ponen una goma elástica en los huevos que se necrosa y les provoca la muerte", lamenta la gestora de colonias felinas. "Sin duda, siempre los peor parados son ellos".

Los gatos y gestores, protegidos por ley

Todo estas situaciones ocurren, según Martínez, por un tema de educación. "Las personas que hacen estas barbaridades están completamente desinformadas sobre qué es una colonia felina y cómo se gestiona", afirma. "Por eso una labor muy importante del gestor también es informar (siempre con los apoyos del ayuntamiento), siempre recordando que esos gatos están en la colonia por la irresponsabilidad humana (quién los abandonó)".

Para Helena también es una cuestión del control de colonias felinas. "En España no ha habido una forma ética de hacerlo, ha habido muy poca concienciación hacia estos animales", explica. "No se respetan las normas (chipado obligatorio, esterilizaciones...), por lo que debería haber más multas".

Todo el mundo tiene que saber que estamos protegidos por el Código Penal y que las colonias son como mobiliario urbano

No obstante, a pesar de que están protegidos por la ley (tanto los animales de las colonias, como los voluntarios que las gestionan), Helena considera que, ante estas situaciones "se puede hacer muy poco". "Llamar a la policía no siempre ayuda, porque muchos no se toman en serio estos temas, tienes que dar con la persona a la que sí le importa", asegura. 

"Es increíble lo poco defendidos que están estos animales y nosotros, por ello hay que intentar que los gatos sean invisibles para el resto del mundo, para que nadie se queje de ellos y, si necesitamos hacer alguna gestión, como una captura, intentar siempre ir acompañados, por si hay algún percance".

No obstante, Martínez considera que "siempre hay que denunciar". "Todo el mundo tiene que saber que estamos protegidos por el Código Penal y que las colonias son como mobiliario urbano, no se pueden destrozar, igual que no podemos romper una farola", concluye.

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