Los 'hombres de negro' de las ONG o cómo donar con confianza: "El reto es atraer a los jóvenes, muy escépticos con las instituciones"

Evaluadores de ONG
Evaluadores de ONG
Carlos Gámez
Evaluadores de ONG

¿Se acuerdan de los 'hombres de negro'? Se hablaba mucho de ellos hace diez años, cuando el mundo estaba sumido en la Gran Recesión. Aquellos temidos inspectores de la Troika -formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- fueron los encargados de evaluar el grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos por los países al firmar el rescate a los sistemas financieros. Aterrizaban, analizaban y emitían informes con medidas de obligado cumplimiento para los gobiernos. Tras años sin saber de ellos, hace poco regresaron a las portadas, cuando un contingente del Parlamento Europeo visitó España para examinar la ejecución de los fondos europeos de recuperación. Porque una década después, seguimos en crisis. 

Uno se imagina a aquellos funcionarios internacionales rodeados de cantidades ingentes de papeles y mirando con lupa cada detalle. Y una imagen parecida se proyecta en la cabeza al oír hablar de los evaluadores de las organizaciones no gubernamentales. Salvando las distancias, porque una de las diferencias radica en que someterse a la auditoría de estos últimos es voluntario, y tampoco parecen tan inquietantes. 

"Nosotros decimos que somos el Pepito Grillo de las ONG. Estas entidades tienen que hacer una cantidad impresionante de tareas a lo largo del día. Además de conocer muy bien el ámbito en el que se mueven, tienen que saber de leyes, gestión, finanzas... Para irles avisando de cuestiones que tienen que ver con la gobernanza y la administración estamos nosotros, que analizamos el uso de los fondos, la situación económica, el voluntariado...". Estas declaraciones son de Ana Benavides, directora de la Fundación Lealtad. Este evaluador independiente se creó en 2001 para auditar las buenas prácticas y la transparencia de las asociaciones sin ánimo de lucro, con el objetivo de ayudarles a ganarse la confianza de sus potenciales donantes.   

La auditoría que lleva a cabo la fundación a aquellas ONG que se lo solicitan se basa en nueve principios de transparencia y buenas prácticas que se desgranan en 36 indicadores. En una primera fase, los evaluadores instruyen a las entidades sobre qué es verdaderamente ser transparente y tener una gestión eficaz. Tras esta formación, las organizaciones deben cumplimentar un cuestionario y aportar documentos como los estatutos, las cuentas auditadas, la planificación y la memoria de actividades. De ahí, la Fundación Lealtad elabora un preanálisis y les aporta el asesoramiento y las herramientas necesarias para mejorar en los puntos débiles. 

"Cuando están preparadas, y como siempre si así lo desean, pasan a la fase de análisis. Igualmente la hacemos sobre los nueve principios y 36 indicadores, pero pedimos mucha más documentación. Es un estudio mucho más pormenorizado", continúa Benavides, quien habla de "varias semanas de trabajo intenso", tras los cuales, si la ONG logra cumplir con todos los requisitos, obtiene el sello 'Dona con confianza'. Al año, pasará por una "revisión intermedia", una especie de "chequeo para comprobar que todo sigue bien", y a los dos años volverá a someterse a un somero escrutinio. Y si no consigue mantener el nivel, puede perder la distinción: "Cada año quitamos una o dos, pero también incorporamos 20 nuevas"

Las entidades abonan una cantidad anual que depende de su tamaño y que oscila entre los 300 euros de las más pequeñas y los 1.500 de las más grandes. "La cuota que pagan por el análisis supone el 20% de nuestros ingresos. Está establecida más para que se lo tomen en serio que para que nos financien", explica la directora general del ente evaluador.  Tanto los principios que se utilizan para la auditoría como el informe completo sobre cada ONG evaluada están accesibles de forma gratuita en su web.

LOS NUEVE PRINCIPIOS DE TRANSPARENCIA Y BUENAS PRÁCTICAS

  • ​Misión clara y pública
  • Comunicación transparente y veraz 
  • Control del uso de los fondos 
  • Planificación, seguimiento y análisis de impacto
  • Voluntariado formado y participativo
  • Financiación diversificada y transparente
  • Cuestiones normativas
  • Órgano de gobierno independiente, activo y público
  • Sostenibilidad financiera

Nacho Sequeira y su equipo de la Fundación Exit saben lo que es pasar muchas horas recopilando documentación interna y analizando de forma exhaustiva las diferentes áreas de la organización. Esto les supone una carga de trabajo añadida a la labor del día a día, centrada en luchar contra el paro juvenil y el abandono escolar. Pero ese esfuerzo extra les permite ser una de las 266 asociaciones españolas actualmente certificadas

"Es un proceso duro pero formativo. Ayuda a entender cómo gestionar bien una entidad y a mejorar", señala el director general de una asociación que lleva 15 años ininterrumpidos presumiendo de confianza y que tiene claro que para pedir a los empleados ese esfuerzo extra es necesario que visibilicen qué ganan con ello: "La gente que está en la gobernanza ha de ver que el órgano de gobierno funciona cada vez mejor; la que está en captación de fondos ha de ver que gracias a este sello llegan donaciones que antes no llegaban; quienes están en comunicación han de ver que nos permite conectar mejor con nuestra base social…"

Él considera que igual que en los últimos años las empresas se están "dotando cada vez más de contenido ético y han trabajado por incorporar valores más propios de las entidades, estas, siendo autocrítico, tendrían que ser cada vez más competentes en la gestión". 

Llegar a los ciudadanos

Esta distinción aumenta por tanto el atractivo de las asociaciones de cara a conseguir donaciones y esto ocurre principalmente entre las compañías, muchas de las cuales tienen entre sus criterios a la hora de elegir qué causa apoyar si está acreditada por la Fundación Lealtad. "Muchas empresas se guían por el sello. Hay que lograr que lo haga más la ciudadanía", reconoce Sequeira. 

"El donante institucional tiene el cerebro en modo trabajo, predomina en él la parte racional. El sello les ahorra esfuerzos porque ninguna empresa o fundación corporativa puede dedicarle a cada ONG el tiempo que nosotros les dedicamos para analizarlas. El donante particular, sin embargo, dona con el corazón, es impulsivo, y no se para a pensar quién está detrás de la organización, cómo está gestionada, cómo es su situación económica, qué actividades realiza... Nos falta aplicar más la parte racional", coincide Benavides.

Esta certificación puede asimismo ayudar a despejar las reticencias de aquellos que dudan sobre el destino final de las donaciones, unas dudas injustificado en opinión de Benavides: "Las ONG consiguen mucho con muy pocos recursos. Hacen maravillas con el dinero. El problema es que las situaciones absolutamente extraordinarias y los escándalos pesan más que su trabajo diario". 

El buen posicionamiento internacional de España

  • La Fundación Lealtad organizó hace unas semanas en Madrid la Conferencia Internacional de Evaluadores de ONG, un punto de encuentro de evaluadores de todo el mundo y de representantes de diversas entidades. Lo hizo junto al Comité Internacional de Organizaciones de Recaudación de Fondos (ICFO, por sus siglas en inglés), del que Ana Benavides es presidenta: "España está bien posicionada a nivel internacional, podemos estar muy orgullosos. La prueba es que ostentamos la presidencia de ICFO, donde hay países como Alemania que llevan 130 años evaluando ONG". "Me impresiona la excelente labor de la Fundación Lealtad, logrando la participación de ONG en el proceso voluntario de evaluación, su noción de que todos -empresas, medios, individuos...- influimos en el sector, y su forma de comunicar una misión compleja de forma tangible", corrobora Elvira Castro, de BBB Wise Giving Alliance, evaluadora de EEUU presente en el evento.

"Tras la pandemia hay dos grandes amenazas para las entidades sociales. En primer lugar, la desinformación creciente y su efecto en la pérdida de confianza en las instituciones. Las entidades sociales teníamos tradicionalmente buenos índices de confianza, pero se está notando una caída. Y en segundo lugar, la polarización, también creciente. Hay causas que deberían ser apoyadas con independencia de las cuestiones políticas y, sin embargo, cada vez más nos obligan a posicionarnos en las mil trincheras que se crean", lamenta el director general de Exit. Cree que, en este contexto, iniciativas como la de la Fundación Lealtad contribuyen a recuperar esa confianza en declive. 

En este punto, Sequeira hace hincapié en la juventud: "El reto es atraer a los jóvenes, muy escépticos con las instituciones. Me preocupa cómo acercamos todo esto a las nuevas generaciones. Si ha bajado la confianza a nivel global en las instituciones, más lo ha hecho entre la gente joven, y a lo mejor con todo el derecho del mundo. Un chaval de 16 años lleva prácticamente desde que nació con un mundo en crisis", manifiesta y urge a ilusionarles y a generar una conexión intergeneracional "en crisis": "Les hablamos siempre del futuro y de tener ilusión y desde el mundo adulto debemos ofrecerles oportunidades ya, porque nos estamos jugando nuestro presente y nuestro futuro". 

Una encuesta anual realizada en Estados Unidos por BBB Wise Giving Alliance, la evaluadora del país, muestra que el 64% de los ciudadanos considera esencial la confianza en una ONG antes de hacer un donativo. Sin embargo, solo el 20% asegura tener una alta confianza en el tercer sector. "Según un informe de Edelman [agencia global de comunicación], la confianza en las instituciones en general y, en muchos países, específicamente en las ONG, ha decaído desde hace años. Sabemos que esto puede crear un estado civil más apático y eso es preocupante", alerta Elvia Castro, de BBB Wise Giving Alliance. "Sin embargo, las ONG todavía se consideran un espacio seguro, unificador, y de apoyo a la comunidad. En este sentido, creemos que fomentar un sector confiable es más importante que nunca", concluye.

En definitiva, en el marco de una sociedad cada vez más exigente, el tercer sector debe presentarse más fuerte, más transparente y más conectado con la ciudadanía.

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