Así afecta a los perros la vida en un refugio: "No es lo mismo un perro que ha vivido toda su vida feliz y cuidado, que uno maltratado"

Perros enjaulados, en una imagen de archivo.
Perros en un refugio de animales.
EUROPA PRESS
Perros enjaulados, en una imagen de archivo.

A la hora de adoptar un perro debemos tener algo muy claro: va a ser un animal que tiene muchas posibilidades de venir a nuestro hogar con una "mochila" a sus espaldas, con una historia detrás que puede ser causa de posibles miedos, traumas o inseguridades, algo que también podemos ver muchas veces reflejado en los comportamientos que los canes tienen en los refugios de animales, perreras o centros de adopción. Por supuesto, todo depende del perro y de su vida pasada, de esa "mochila" en particular. 

Yolanda Valbuena, de la Fundación Altarriba, una protectora de animales que cuenta con refugio, explica cómo afecta la vida en uno de estos lugares al bienestar de los perros, identificando varias situaciones: perros que nacen en el propio refugio o llegan siendo muy pequeños con su madre y hermanos, perros adultos procedentes de un abandono o canes que vienen de una familia que los maltrataba.

La vida de un cachorro en un refugio de animales

Valbuena explica que si un perro nace en el refugio junto con sus hermanos o madre, es muy diferente a si entra abandonado, completamente solo. "Si entra con hermanos es más fácil para ellos, al igual que con su madre, que es fundamental para aprender, ella es su gran maestra", cuenta. 

"Evidentemente, no es como en una casa, en un refugio a veces les es más difícil por los ruidos, la presencia de otros perros, las inseguridades por no tener a su mamá o hermanos si es el caso... Pero siempre intentamos, dentro de nuestras posibilidades, que sea positivo su paso por nuestro centro hasta encontrarles su familia ideal".

Gracias a los voluntarios que acuden a los refugios y centros de protección animal, la socialización, el juego y los paseos, ayudan a los cachorros a descubrir el nuevo mundo que se presenta a su alrededor. "Actualmente, en nuestro refugio está Gludock, un perro que entró con sus hermanos de cachorro y que ya se mostraba inseguro. De toda la camada solo queda él", relata Valbuena. 

"Su inseguridad ha dificultado su adopción. Necesita de una familia o persona que se pueda dedicar a él y a darle la confianza y seguridad que necesita, pero no todo el mundo está dispuesto a ayudar y adoptar un perro con alguna carencia o dificultad", añade. "Otro ejemplo es Tina, una perrita que entró de cachorro junto a sus dos hermanos, abandonados en la montaña. Solo ella queda en adopción, la más insegura también, aunque ha mejorado muchísimo".

Para evitar que crezcan en el refugio, lo ideal es intentar encontrar un adoptante tan pronto tengan las vacunas y el chip en orden, dándose siempre con compromiso de esterilización a los 6-7 meses y pasando por el proceso de adopción, en el caso de la fundación.

"También está la opción de buscarles acogida hasta que encontramos a su familia ideal, aunque para nosotros no es una opción recomendable, a no ser que sean cachorros que tengan miedo y necesiten mucha socialización", comenta Valbuena. "Al estar en una casa, no tienen la posibilidad de tener tantas visitas directas de las familias como en el refugio".

La vida de un perro adulto en un refugio de animales

En el caso de la vida en el refugio de perros ya adultos depende mucho de cada individuo y su situación. "No es lo mismo un perro que ha vivido toda su vida feliz y cuidado y que de golpe es abandonado, que otro que ha vivido toda su vida maltratado", explica Valbuena. "En el primer caso, cuesta mucho más su adaptación al centro, están desubicados, tristes, no saben por qué están aquí".

No es fácil para ningún perro estar en un refugio, pero muchos acaban adaptándose, es una de nuestras misiones

"Al verse solos, sin su dueño, en ocasiones dejan de comer y necesitan mucha más atención por nuestra parte ya que, de estar en familia, a estar en un refugio con más perros, con extraños, muchos no lo pasan bien, no entiende qué ha pasado", añade. 

Además, en los casos en los que también ha habido maltrato por parte de la familia anterior "no es fácil volver a hacerles confiar en el ser humano". "Es una larga tarea de mimos, paseos, confianza mutua... Un largo trabajo diario de nuestros voluntarios y el equipo de Tartaruga-Educación canina, en nuestro caso, que ayudan en este proceso".

"Tenemos en el refugio desde hace muy poquito el caso de Max, un Border collie de ocho meses que solo había visto un balcón con un bozal puesto, día y noche", relata Valbuena. "En nuestro refugio se le trabaja la confianza, el respeto y a que muestre interés hacia nosotros, algo que no han hecho con él, dejando que creciera sin estímulos que todo perro debería tener".

Con mucho tiempo, amor y dedicación, los voluntarios de la Fundación Altarriba intentan que los perros estén lo mejor posible. "No es fácil para ningún perro estar en un refugio, pero muchos acaban adaptándose, esa es una de nuestras misiones, facilitar su estancia, por decirlo de alguna manera".

Algunos perros no concilian con la vida en el refugio

En resumidas cuentas, con mucha paciencia, cariño, disciplina e interactuando con ellos, se puede mejorar la calidad de vida en el refugio de animales. "Nosotros intentamos interactuar con ellos en los patios, que se sientan acompañados, les preparamos juegos como accesorios como los Kongs, que les ayuda a entretenerse y hacer el día más ameno", ejemplifica. "Todo lo que sea para que ellos se sientan bien y cómodos dentro de dónde están".

Sin embargo, no todos los perros logran adaptarse a la vida en el refugio, hay algunas razas o, más bien perros con unas necesidades más exigentes, que lo pasan realmente mal. "Por necesitar tanto trabajo físico, como psicológico, terminan con carencias que pueden repercutir en su comportamiento, de ahí que haya cada vez más abandonos de este tipo de perros activos", comenta Valbuena.

Nos falta tiempo y ayuda para poder enseñarles todo lo que hay en el exterior, la civilización

"Hay que reconducirlos mediante actividad física y mental, ya sea pasear, olfatear, utilizando el kong... y transmitirles calma y confianza", añade. "También pasa mucho con los perros denominados 'falderos' (Beagles, Jack rusell, Pinschers...), lo pasan muy mal al no saber dónde están sus dueños, pudiendo mostrar apatía, tristeza e incluso algunos dejan de comer por pena".

Al final, el trabajar con los perros, estar con ellos, dedicarles tiempo y atención, es una parte fundamental que, aunque no puede hacerse al completo en los refugios, sí ayuda a que los animales no desarrollen conductas negativas que entorpezcan la búsqueda de un nuevo hogar para ellos.

"Cuanto más tiempo pase un perro en el refugio, más difícil será su adaptación al mundo real", explica Valbuena. "Nos falta tiempo y ayuda para poder enseñarles todo lo que hay en el exterior, enseñarles la civilización (con sus coches, gatos, patinetes...) para que aprendan y vean todo lo que allí se pueden encontrar".

Colaboradora '20minutos'

Soy Inés López García. Me formé en la Complutense con la intención de acabar informando sobre animales y medioambiente. Tuve mi primera oportunidad laboral en el medio local 'Madridiario'; luego entré en '20minutos', donde pude escribir sobre cine, series y videojuegos, mis tres hobbies. Me mudé a Londres para mejorar el inglés y escribir sobre el Brexit y el covid en la distancia. En la actualidad escribo sobre lo que siempre quise, animales, en la sección Animaleros de '20minutos'.

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