Mario Garcés  Jurista y escritor
OPINIÓN

Black Friday

El centro de Barcelona, completamente lleno el fin de semana del Black Friday
El centro de Barcelona, completamente lleno el fin de semana del Black Friday
Europa Press

El blacfraidei ha sido la última incorporación a España del pop americano, a medio camino temporal entre el jaloguín y el aterrizaje de ‘Santa’ de Navidad. Para los que mecemos alguna cana y compramos el televisor en color en 1982 para el Mundial de fútbol de España, Santa Claus es un tipo gordinflón, de la familia norteamericana de Kiko Rivera, que hace la competencia a los Reyes Magos. Por supuesto, para esa generación lustrosa del balón azul y blanco de playa de los setenta, el único viernes señalado en el calendario era el santo, allá por la Semana de la muerte y resurrección de Jesucristo. Ese viernes de cofradías de cola y esparto de la Madrugada. En cambio, para un jovenzuelo actual de plataforma digital y consola, el blacfraidei es tan español como el refresco de cola que bebe Papá Noel. Todo al rojo.

Hace una década, un instituto americano llevó a cabo una encuesta que dio como resultado que un 52% de la población de todas las edades creía en Santa Claus, un 19% de los encuestados consideraba que existían los Leprechauns, y un 5%, el Conejo de Pascua. Por eso, no es de extrañar tampoco que algunos mozalbetes españoles, sí es sí, piensen aquí y ahora que Adolfo Suárez era un joyero, o que Telmo Zarra era un empresario que fundó los almacenes previos a los de Amancio Ortega, o que el blacfraidei es un invento español auspiciado por el Ministerio de Consumo. Es más, para los espíritus sensibles, habrá quien diga, como ya se ha dicho, que el día es racista por negro. De hecho, hubo algún despistado que defendió la tesis falsa de que traficantes de esclavos bajaban justo sus precios el día de Acción de Gracias de cara a la temporada de invierno. No es broma porque el infundio existió.

Si Correos ha sido capaz de emitir un sello dedicado al comunismo, nada impide que lo haga también al consumismo

En fin, que guste o no, somos hijos adventicios de las costumbres de los herederos del Tío Sam, por mucho que estos no sepan que el primer día de Acción de Gracias en Estados Unidos fue celebrado por españoles en San Agustín de la Florida allá por 1565. O que el primer libro editado en el país de Biden y Trump se debió al hermano Báez, jesuita de las misiones de Georgia en 1569. En definitiva, que nos han endosado el blacfraidei después de que nosotros les endilgáramos muchas de nuestras tradiciones hace cinco siglos.

Mañana, millones de españoles inundarán las calles con fiebre de consumo. Como simple idea, si Correos ha sido capaz de emitir un sello dedicado al comunismo, nada impide que lo haga también al consumismo, deporte más extendido en la sociedad española que el de la hoz y el del martillo. Bienvenidos al Partido Consumista de España. 

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