La COP27 llega a la recta final con China unida al empuje de los países en desarrollo por un fondo daños del que recelan los ricos

La Cumbre del clima entra en su segunda y definitiva semana para llegar a acuerdos.
La Cumbre del clima entra en su segunda y definitiva semana para llegar a acuerdos.
EFE
La Cumbre del clima entra en su segunda y definitiva semana para llegar a acuerdos.

La Cumbre del Clima entra este lunes en su segunda, última y decisiva semana en la que todavía no se vislumbra un horizonte claro sobre si habrá un acuerdo para crear un nuevo fondo para sufragar pérdidas y daños por el cambio climático en los países en desarrollo. La idea cuenta con el empuje de todos los países del sur, incluido China, lo que hace pensar a organizaciones como Greenpeace que quizá llegue a buen puerto.

Los ministros de Transición Ecológica o Medio Ambiente, como la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, llegarán este lunes a la COP de Sharm el-Sheikh (Egipto) para intentar cerrar unas negociaciones que siguen muy abiertas y en las que también se intentará un compromiso para seguir reduciendo el consumo de combustibles fósiles, para incrementar el fondo de adaptación al cambio climático y en las que, a modo de tira y afloja, los países todavía están enfrentados sobre si fijar el incremento tope de temperatura en 1,5ºC con respecto a niveles preindustriales (siglo XIX) o dejarlo subir hasta los 2ºC.

Después de una primera semana de contactos técnicos -y de la presencia escalonada de los jefes de Estado y de Gobierno-, los ministros intentarán llegar a acuerdos en una COP27 con una presencia de lobbies de la industria de los combustibles muy superior a la del año pasado. Un 25% más según la organización Global Witness. A ellos se dirige en buena medida la advertencia que lanzó el secretario general de la ONU, António Guterres, en la primera semana de la Cumbre, contra el llamado "greenwhasing", el intento por parte de las empresas -con o sin la aquiescencia de los gobiernos- de hacer pasar por prácticas a favor del clima aquellas que no lo son. 

Fondo de daños y pérdidas

En la primera semana de la COP27 los países industrializados no han sido demasiado claros sobre si están dispuestos a crear un nuevo instrumento financiero para que los países en desarrollo y más vulnerables al cambio climático puedan sobrevivir a él. Este es uno de los nudos gordianos de la Cumbre del Clima de Sharm el-Sheikh y el empuje que está haciendo China, junto al G-77 -el grupo de países al sur del Ecuador, entre ellos de América Latina, África y buena parte de Asia- hace que organizaciones como Greenpeace tengan expectativas de que sí pueda alcanzarse.

El empeño chino en que así sea se une además a la postura de la UE que ha pasado del escepticismo con este nuevo fondo a no cerrarse ya de todo a él, aunque en términos generales los europeos creen que no es la mejor herramienta. Así lo apuntaban antes de que empezara la COP27 fuentes españolas, que apostaban por ayuda al desarrollo o de asistencia ante emergencias, o Alemania, que esta semana incidió en un instrumento financiero basado en seguros contra desastres.

Fondo de adaptación climática

Frente a la exigencia por parte de los países en desarrollo de que haya un nuevo fondo -dependiente de la Conferencia de la ONU para el Clima, matriz de las COP- ya existe otro instrumento financiero y a lo largo de esta semana los países buscarán cumplir sus compromisos en primer lugar y después ir más allá.

Los países desarrollados se comprometido a destinar para 2020 100.000 millones de dólares anuales para apoyar las medidas de adaptación y mitigación del cambo climático en los países en desarrollo y de momento no han llegado a esa cifra. En 2021, el esfuerzo colectivo solo sumó 83.000 millones y los ministros buscarán esta semana en la COP llegar a los 100.000 millones e incluso aumentar el fondo para más adelante.

Sin embargo, esta también será una negociación difícil por la pretensión de los países a los que corresponde pagar a ampliar el grupo a China, países del Golfo o Corea, cuyo desarrollo también les hace ser grandes contaminadores por lo que también deberían contribuir, a ojos de los que ya contribuyen. 

Este es el fondo al que el presidente español, Pedro Sánchez, anunció el lunes pasado 20 millones más de aportación y en el que Estados Unidos también quiere implicar a la industria para que también contribuya a un esfuerzo que requerirá cuantiosos esfuerzos económicos. Un informe de la ONU difundido la semana pasada aseguró que harán falta "trillones" de dólares al año hasta 2030 para que los países en desarrollo puedan financiar el recorte de emisiones, restaurar sus ecosistemas y gestionar el daño del cambio climático.

Sobre esta idea de que también el sector privado contribuya, Greenpeace apuesta en su lugar por que los gobiernos sustituyan las subvenciones que cada año dan a las empresas de combustibles fósiles por fondos públicos para la lucha contra el cambio climático en los países en desarrollo y a la inversión en renovables en ellos. Otra opción es pedir a estas empresas que paguen más impuestos, algo que la ONU avaló también la semana pasada cuando se sumó a lo que harán los países europeos y pidió gravar los beneficios extraordinarios de las petroleras para pagar la factura, en este caso, de la crisis climática.

Hacia el final de los combustibles fósiles

La COP26 que se celebró el año pasado en Glasgow concluyó con un compromiso para abandonar el uso de carbón para final de este año y en el tradicional intento de que cada Cumbre del Clima sea más ambiciosa que la anterior, en esta de Egipto se vislumbra un posible acuerdo para extender el compromiso a los combustibles fósiles.

La UE, Reino Unido, América Latina y Caribe (AILAC) e India han lanzado un llamamiento para que en la 'decisión principal' de la COP -sería equivalente a unas conclusiones- se incluya la "eliminación gradual" o la "transición" de los combustibles fósiles.

Para Greenpeace, esta decisión marca un importante paso adelante que "cambia las reglas del juego", aunque todavía no está claro que se vaya a conseguir una declaración en este sentido, que no sería obligatoria pero en ella los países marcarían una orientación clara de sus políticas. El motivo es que en la COP27 hay una fuerza contraria, que choca con la transición hacia el fin de los combustibles fósiles y que es la que ejercen algunos países de África -en una Cumbre del Clima 'africana'-, que defienden su derecho a explotar sus reservas de gas para alcanzar el desarrollo económico.

Grupos ecologistas y también la UE advierten de que esto no contribuirá al bienestar, más aun cuando el desarrollo tecnológico hace que las renovables sean más baratas en países, además, con recursos como el sol. Pero de momento son argumentos que no están dado mucho resultado. Como es habitual, corresponde al país anfitrión redactar la "decisión principal" y en ocasión la tarea recae en Egipto, que está llevando los trabajos sin demasiada transparencia y que se muestra a favor de poder explotar los recursos fósiles, de modo que el compromiso de su abandono transitorio no puede darse todavía por hecho.

Límite al calentamiento 

Las negociaciones entre los ministros de esta semana también intentarán cerrar una cuestión que data del principal acuerdo de la Cumbre del Clima de París de 2005 y que entonces no se precisó suficientemente. Entonces los gobiernos del mundo acordaron limitar el calentamiento mundial  muy por debajo de 2ºC, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales, y esta indeterminación sobre si el límite es 1,5 o 2 grados sigue siendo objeto de desencuentro.

La COP27 intentará cerrar un acuerdo esta semana -más los días adicionales que, como suele ser habitual, se terminan sumando si así lo exigen las negociaciones- entre el tira y afloja de países como la UE que quieren fijar el calentamiento máximo a 1,5 grados y países en plena expansión a base de combustibles fósiles, como los del Golfo Pérsico, que quieren estirarlo hasta los 2ºC. 

La Cumbre del Clima de Egipto empezó con la advertencia por parte de la ONU de que la atmósfera lleva ya un calentamiento muy superior a estos topes, del 2,8ºC, y de que superar los umbrales pactados en París desencadenarían puntos de no retorno climático como el colapso de las placas de hielo de Groenlandia y el Antártico, la muerte de los arrecifes de coral o el deshielo abrupto del permafrost, la capa de suelo bajo la superficie de la Tierra que ha permanecido congelada durante entre dos años consecutivos y, en la mayoría de los casos, cientos o miles de años.

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