Vivir bajo las bombas en Mykolaiv, 'ciutadella' del sur y centro de la contraofensiva ucraniana

Una mujer pasea por las calles bombardeadas de Mykolaiv
Una mujer pasea por las calles bombardeadas de Mykolaiv
Olha Kosova
Con las maletas en la mano y la tristeza en el rostro, los residentes de Mykolaiv esperan pacientemente al autobús que les obliga a dejar atrás toda su vida. Pero permanecer en la ciudad ya no es una opción para ellos, la guerra con Rusia les ha robado todo. Descansar hace tiempo que se ha vuelto imposible.“No duermo por la noche. Y debido a que mi salud ha empeorado tengo que irme de aquí. He dejado de dormir por completo”. Una situación que se ha vuelto insostenible. Mykolaiv es una de las ciudades que más bombardeos ha sufrido y no es de extrañar que sus habitantes quieran marcharse, aun cuando eso signifique dejar a tus seres queridos atrás. "No me fui por mucho tiempo, porque mi esposo murió aquí justo antes de la guerra. Lo enterré, y fue difícil irse cuando una persona tan cercana está enterrada aquí". Explica esta evacuada de 73 años. La administración de la ciudad organiza autobuses de evacuación dos veces por semana. Los martes el destino es Moldavia y los jueves, el autobús va en dirección Odesa. A ellos, cualquier lugar les basta con tal de dejar atrás el miedo a morir por la guerra.

La semana arrancó el lunes con el mensaje que estaban esperando con ansia millones de ucranianos: "El ejército ucraniano ha logrado romper la primera línea de la defensa rusa".  La gran batalla por el sur había comenzado oficialmente después de que en las últimas semanas se hablase mucho sobre la posibilidad de un gran avance en el frente de la región de Jérson, temporalmente ocupada por los rusos. 

Mientras los expertos opinaban sobre la cantidad de armas suministradas por los socios occidentales, los periodistas medían al milímetro las tierras de los pueblos desocupados y preguntaban a los soldados sobre el nivel de avance de las tropas. Los militares no soltaban prenda: mantenían silencio y hacían bromas sobre la impaciencia humana. Las redes sociales, por su parte, se inundaban de memes sobre las famosas sandías de la región de Jersón "que todos comeremos pronto". 

Pocas horas después de correrse la voz de la noticia se veían caravanas de ambulancias recorriendo la carretera que hacia a Odesa. Las ofensivas siempre salen caras y Ucrania parece dispuesta a pagar un gran precio en decenas de vidas tanto militares cómo civiles por recuperar los terrenos perdidos en el sur.

El centro de la defensa de esta región, como ocurría al comienzo de la invasión, sigue siendo Mykolaiv, la ciutadella del sur, fuertemente atacada pero nunca tomada por los rusos. Las universidades, escuelas, hospitales, barrios residenciales e infraestructura —no solo de la ciudad sino también de la región— son el objetivo a destruir por las tropas de Putin. En muchos casos es la población local la que vende las coordenadas a los rusos.

En muchos casos es la población local la que vende las coordenadas a los rusos

"Los militares me pidieron que les dejase uno de mis edificios para montar su base, pero me negué porque tenía ya todo preparado para el grano. Un vecino le contó a los rusos que me negaba porque estaba escondiendo a militares ucranianos, así que los rusos vinieron y destruyeron mi negocio. Ahora lo estoy reconstruyendo poco a poco”, comenta Oleksandr, de 34 años, habitante de uno de los pueblos cerca de Mykolaiv, mientras nos señala un paisaje gris de fondo: una montaña de grano junto a camiones e instalaciones calcinadas. Un empleado suyo murió en aquel bombardeo.

La población civil no olvida el día de la "contraofensiva oficial" porque les avisaron que iban a cortarles el agua. Ya desde primera hora de la mañana se veían colas enormes cerca de los camiones que estaban distribuyendo bidones a la población. Sus caras mientras esperaban su turno mostraban agotamiento y nervios; desde el comienzo de la invasión no han contando ni 20 noches de tranquilidad y viven al límite del estrés. Pero no quieren que les hagan fotos para mantener su dignidad y porque no desean que su desgracia "se convierta en un show ".

Los vecinos de Mykolaiv hacen cola para lograr un bidón de agua
Los vecinos de Mykolaiv hacen cola para lograr un bidón de agua
Olha Kosova

La ciudad de Mykolaiv nunca duerme, o al menos intenta acostarse muy temprano para dormir un par de horas hasta el siguiente bombardeo. "Nos atacan a las dos y a las cuatro de la madrugada. Lo único que quiero es dormir por lo menos unas ocho horas tranquilas”, comenta una de las mujeres que trabaja en la portería de una residencia para estudiantes.

Los vecinos de Mykolaiv también recuerdan aquel mensaje de inicio de la contraofensiva ucraniana porque apenas un par de horas de recibirlo la tierra empezó a temblar por los 16 cohetes rusos que impactaron en la ciudad. El impacto te pilla de sorpresa y antes de que las sirenas avisen de que se avecina el bombardeo. Una de las explosiones es tan fuerte que hace vibrar los cristales de una céntrica cafetería. El pulso se acelera, las manos empiezan a temblar y entran ganas de huir lo más lejos posible.

Hay que tirarse al suelo. Es mejor hacer el ridículo que morir orgullosamente

"Siempre imita lo que están haciendo los militares. Se entrenan para sobrevivir en esa situación", explica un comandante de 50 años que forma parte de la inteligencia ucraniana y que recuerda la masacre de civiles en la parada de autobús de uno de los barrios más asediados. "Una pareja iba paseando al perro y falleció porque empezaron a correr. Hay que tirarse al suelo. Es mejor hacer el ridículo que morir orgullosamente”, comenta el militar, que vive también en la ciudad.

La tranquilidad con que la gente habla aquí de la muerte es chocante. Los camareros se han acostumbrado al peligro y saben que deben cerrar con calma las persianas y ayudar a la gente a llevar sus cosas dentro. "Como se nota que usted no es de aquí, está pálida como el color de las paredes", comenta entre risas un grupo de personas que devora su pizza con toda la calma del mundo. Aquí todos responden con la palabra "costumbre" cuando les preguntas sobre la vida bajo la amenaza de las bombas pero hoy sus caras reflejan un miedo fuera de lo habitual. "Menuda noche nos espera", dice Anastasiia, una mujer embarazada de 30 años, que teme sobre todo los ataques nocturnos.

Como se nota que usted no es de aquí, está pálida como el color de las paredes

A pesar de todo, Mykolaiv se mantiene firme. El 25 de agosto, solo un día después de la celebración del Día de Independencia, la ciudad abrió las puertas de su Teatro Nacional, aunque los espectáculos se representan ahora en una sala pequeña dentro de un búnker. Para no asustar y no deprimir a la audiencia se pergeñó un cambio drástico en el repertorio, que ahora es más ligero y alegre. 

Una de las representaciones teatrales en el búnker
Una de las representaciones teatrales en el búnker
Olha Kosova

Los actores consideran su trabajo como un voluntariado artístico para curar las almas de la gente. "La gente está cansada. Si el teatro les da la oportunidad de olvidar de la guerra y sus problemas mientras dura el espectáculo, considero que nuestra misión se ha cumplido", apunta el director del teatro Artem. "Nosotros creemos en la victoria de Ucrania pero sabemos que esa guerra probablemente va a durar. Tenemos que mantener el espíritu moral de nuestra ciudad”.

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