Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Cómo recuperar el interés del monólogo en TV

María León, en su monólogo de 'Zasback', de Movistar+.
María León, en su monólogo de 'Zasback', de Movistar+.
Roberto Sastre / MOVISTAR

En España pusimos nombre al género de 'stand up comedy' con la irrupción de El Club de la Comedia. En el escenario de este espacio de humor, que pasó por todas las grandes cadenas de televisión, realizó su último monólogo Miguel Gila. Justicia casual, pues él fue el primer gran monologuista de nuestro país. Porque, como hacía Gila, el buen monólogo es el que provoca carcajadas al realizar un ingenioso diagnóstico sobre cómo somos. 

Andreu Buenafuente, David Broncano, Eva Hache... Los monólogos han sido creativa carta de presentación de importantes formatos de la historia de nuestra televisión. Algunos bebiendo de dinámicas del late show norteamericano, otros directamente reinventando el género a su manera. Incluso María Teresa Campos ejerció de monologuista en su magacín matinal de TVE, Pasa la vida

El buen monologuista es una retratista mordaz de las particularidades que nos unen a las personas que cohabitamos en esta sociedad. Sin embargo, el interés por el monólogo se ha ido desdibujando en la tele actual. Tal vez porque nos hicimos inmunes a la liturgia del escenario de fondo rojo, con un taburete y un micrófono de los caros plateados. Tal vez por abuso, porque vemos monólogos en todo tipo de espacios. Desde docushows por los pueblos de España hasta en los espacios de actualidad. Porque hay periodistas que parece que predican monólogos en su relato informativo del día. 

Ahora Zasback en Movistar Plus reinventa el género. Mezcla el monólogo clásico con la ficción dramatizada. Y funciona. El cómico no sólo narra su historia, sino que la interpreta para que el espectador la viva. El recital teatral y la ficción televisiva se entremezclan como si fueran flasbacks a un pasado fantasioso. No obstante, cuando recordamos siempre hay un punto de fantasía. Hugo Silva, Anna Castillo, Andreu Buenafuente, María León y Pablo Chiapella son los protagonistas de cada capítulo de la primera entrega de este formato que recuerda la esencia a recuperar de la stand up comedy: la comedia que retrata y delata. 

Tras años en los que los monólogos buscaban ese costumbrismo identificable que fuera reconocible ampliamente por todos, hay una oportunidad en recatar el interés por este género como televisión-evento en la que personalidades narren su historia en primera persona y frente a la energía de un auditorio lleno de público. Porque el monólogo puede ser una manera de adquirir conocimiento desde el entretenimiento más lúdico. Es más, hay monólogos que sirven de documentación para el futuro. La risa no merma el rigor. A menudo, incluso consigue que lo riguroso sea más claro. En épocas de ruidos, incredulidad y zascas, necesitamos risas. Pero no cualquier risa: las risas de la empatía, materia prima del monólogo eterno. 

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