Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Los vínculos inesperados de la radio

Ilustración de Efe Suárez.
Ilustración de Efe Suárez.
20minutos

Escuchar, sólo escuchar. Sin imágenes, sin distracciones. Eso es la radio, donde la combinación entre palabra y música puede provocar una conexión de complicidad mágica. Terminas queriendo a personas que, en realidad, ni siquiera conoces. Al menos, en persona. Pero ahí están, acompañándote. Y no fallan. Incluso intuyes cuando tienen un día regulón. Porque la buena radio es un ejercicio de comunicación transparente. Aunque en las Facultades de Periodismo nos eduquen a buscar esa locución perfecta que hasta tiene que disimular la adversidad. Sin embargo, la vida nos va enseñando que la comunicación que trasciende no va de buena dicción.

La pasada semana, en plena soledad de la escritura de artículos y más artículos, recibí un mensaje de un oyente de Julia en la Onda, programa en el que participo. Escucha desde hace lustros el espacio de Julia Otero. Lo hace desde el Reino Unido, donde lleva viviendo más de dos décadas. Más de la mitad de su vida.

La radio es el puente que le une con la realidad cotidiana del país en el que nació. Está en Madrid con su pareja porque les han dado fiesta por aquello del jubileo de la Reina Isabel II y me dice de vernos. Me sorprende. Aunque lo dice con tal naturalidad que decido acercarme al lugar en que están comiendo. Y, entonces, te percatas de que no son desconocidos. Nos conocemos sin conocernos. Llámalo vínculo radiofónico, llámalo la complicidad de la comunicación.

En ese ir y venir de comentar momentos compartidos desde la distancia, mandamos un mensaje a Raquel Martos, 'persona física' del equipo de Julia en la Onda. Ella, contesta vía nota de voz: "Hacemos la radio pensando en que hay gente al otro lado, pero no siempre estamos del todo seguros. Es muy importante que nos lo digáis", reflexiona Martos con una sonrisa de agradecimiento que se ve. Aunque las notas de voz no tengan imagen. Su mensaje me deja pensando. Ese: "es muy importante que nos lo digáis", viene a recordar lo vital de la bidireccionalidad en cualquier ámbito.

Quizá por eso mismo acudí a conocer a Álvaro sintiendo que ya nos conocíamos. Nunca antes nos habíamos visto, quizá nunca más nos volvamos a ver. Pero nos conocíamos. Compartimos el mismo lenguaje, intercambiamos expresiones, preocupaciones y hasta balbuceos. Vivir es un balbuceo. De eso va justamente este trabajo nuestro: de no encerrarse en la soledad de mirar los pantallas e intentar, aunque vayamos creciendo y ganando reticencias, mantener esa curiosidad que nos trajo hasta aquí. Una curiosidad que probablemente me ha permitido entender que a la radio nunca se va a hablar, se va a compartir.

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