Las cifras desmienten a Sánchez: los precios del consumo empezaron a subir casi un año antes de la guerra de Ucrania

Evolución del IPC mensual en los últimos 33 años.
Evolución del IPC mensual en los últimos 33 años.
Henar de Pedro

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha culpado este miércoles a Vladímir Putin y sus ambiciones en Ucrania de ser el responsable de la escalada en los precios del consumo que la economía española ha experimentado en los últimos meses. Sin embargo, los precios llevan casi un año acumulando subidas y las explicaciones que han ido dando los principales analistas a este fenómeno no habían hecho referencia a esta posibilidad en ningún momento.

"Si vemos la evolución del precio del gas y, por tanto, de la energía en este último año podemos constatar que Putin llevaba más de unos meses preparando la guerra en Ucrania", ha expresado Sánchez desde su escaño en el Congreso de los Diputados. "La inflación, los precios de la energía, son única responsabilidad de Putin y de su guerra ilegal en Ucrania", ha añadido. La portavoz del PP, Cuca Gamarra, por su parte ha defendido que antes de que Putin invadiera Ucrania "la inflación ya estaba por encima del 7% y el precio de la luz, del gas y de los combustibles marcaban un récord tras otro".

El relato principal que se ha hecho para explicar la elevada inflación que ha surgido tras la crisis coronavírica siempre ha señalado una compleja conjunción de factores. La explicación principal es que, tras la caída de las restricciones más severas forzadas por la pandemia que se produjo a lo largo del año pasado, la demanda de los consumidores de todo el mundo se disparó.

Buena parte de la población había acumulado una bolsa importante de ahorros que se ha ido desembalsando progresivamente. Además, el efecto que tiene la pandemia todavía hoy sobre determinados servicios (por ejemplo, la asistencia a eventos multitudinarios, conciertos, cine, viajes internacionales...) hace que no estén normalizados del todo. Esto provocó que buena parte del boom en el consumo surgido tras la pandemia se haya focalizado en bienes y no en servicios. Y en concreto en productos tecnológicos. 

Este pico de demanda ha sobrepasado la capacidad de determinadas industrias para atender las peticiones y junto a los problemas que sigue provocando el virus per se (interrupciones en las fábricas por brotes, acumulación de contenedores en los puertos, menos vuelos internacionales...) ha provocado una escasez que ha disparado los precios.

En paralelo, los precios de la energía no han parado de crecer desde febrero del año pasado. El arranque de la recuperación económica sorprendió a los países europeos con escasas reservas de gas tras el desplome de los precios de 2020 y la fuerte demanda mundial ha hecho que sea cada vez más caro aprovisionarse de esta fuente de energía. Como el diseño del mercado europeo de la electricidad hace que el precio de la luz esté estrechamente vinculado al gas, la factura se ha desbocado, arrastrando consigo a consumidores e industria.

La guerra empeorará las cosas

Lo que parece fuera de toda duda es que la guerra empeorará la escalada de precios. En circunstancias normales, la propia dinámica natural de la inflación habría ido mitigando el alza de precios a lo largo del año. Dado que los porcentajes del IPC que vemos cada mes comparan los precios de ese mes con su equivalente el año anterior (enero con enero, febrero con febrero...) era de esperar que, a partir de marzo de 2022, las tasas de inflación fueran bajando a medida que la comparación se hiciera con los precios cada vez más altos de 2021.

Sin embargo, la invasión de Ucrania ha empeorado considerablemente la crisis energética. Los precios del gas en el mercado europeo acumulan máximos sin precedentes en toda la historia, la luz mayorista ha emprendido una nueva escalada y el barril de Brent se ha encarecido a niveles sin precedentes en 14 años. 

Además, los efectos que pueda tener el conflicto sobre materias primas como el trigo -del que Ucrania es un exportador clave para España- amenaza también el precio de los alimentos, que ya se habían disparado por el efecto contagio del alza de la energía.

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