Putin y la OTAN se enrocan en sus posiciones sobre Ucrania: ¿qué reclama cada parte para resolver la crisis?

Acompañado del ministro de defensa, Serguéi Shoigú, el presidente Putin no dudó recorrer los bosques de Siberia a bordo de un todoterreno equipado para la ocasión
Vladimir Putin.
ALEXEI DRUZHININ / EFE
La OTAN rechaza las exigencias de Rusia y Putin amenaza con tomar medidas.
Atlas/EFE

"Se necesitará tiempo para analizarlos. No nos vamos a dar prisa con las conclusiones, pero no hay muchos motivos para el optimismo". Con esa frase Moscú se ha referido a los documentos recibidos desde Estados Unidos con la respuesta a sus reclamos en materia de seguridad. La crisis en torno a Ucrania sigue por la vía de la diplomacia, pero quizás ese camino tenga cada vez más cerca el final. De momento Putin ya tiene en su mano los papeles que pidió y tanto EE UU como la OTAN insisten en el diálogo a la vez que se preparan para "lo peor". En ese escenario vuelve a surgir la gran pregunta: ¿qué pide cada parte para resolver el conflicto?

Rusia: Putin quiere el repliegue de la OTAN

Las peticiones de Moscú son maximalistas e "imposibles" para el otro lado del tablero. Vladimir Putin quiere, literalmente, el repliegue casi total de la OTAN. El objetivo del Kremlin es reorganizar del todo el orden de seguridad europeo y un elemento clave para ellos es que Ucrania nunca entre a formar parte de la Alianza Atlántica. Además, no quiere tropas de Occidente desplegadas en su frontera y por eso acusa a la OTAN de ejercer presión a partir de ese despliegue.

En la cabeza de Putin se mantiene el ideario soviético y Ucrania es la "joya de la corona", pero se escuda en los movimientos de Washington y de la Alianza para justificar su posición. "Lo ponemos claro: no debe haber más expansión de la OTAN hacia el este. ¿Qué es lo que no se entiende? ¿Fuimos nosotros los que desplegamos misiles cerca de las fronteras de Estados Unidos? No. Es Estados Unidos quien vino con sus misiles a la puerta de nuestra casa", dijo ya el pasado mes de diciembre el presidente ruso.

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Estados Unidos: la política de la OTAN la marca la OTAN

Por su parte, Estados Unidos está en las antípodas respecto a cómo se ha de entender la crisis de Ucrania. No acepta ninguno de los grandes reclamos de Putin y le acusa de desplegar fuerza militar en torno a Ucrania y de estar preparando una nueva invasión (la guerra en el país ya se inició en 2014). La Casa Blanca se mantiene en sus trece bajo una premisa: la política de la OTAN la marca la OTAN. Y es que el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, ya repitió que el grupo va a seguir "su propio camino".

El mismo repliegue que quiere Moscú para la OTAN lo quiere EE UU -que lidera de facto la Alianza- para el Kremlin. Putin cuenta con más de 170.000 tropas a lo largo de la frontera este, no solo en Ucrania y Estados Unidos cree que el principal elemento de presión nace de ahí. "Estamos preparados para discutir y negociar pasos para garantizar la seguridad de todos", sostuvo el jefe de la diplomacia estadounidense, Anthony Blinken, que fue además muy rotundo tras negarle el 'sí' a las peticiones rusas: "Esto no es una negociación".

La UE: el mundo ya no se divide en esferas de influencia

La Unión Europea es el actor secundario en esta crisis, y aunque en teoría ha participado de forma activa en la respuesta de EE UU a Rusia también ha tratado de construir su propio relato a lo largo de las últimas semanas. Bruselas guarda bajo la manga la única herramienta tangible de la que dispone: las sanciones. Mientras tanto, el Alto Representante para la Política Exterior, Josep Borrell, ha insistido en que "no se puede hablar de la seguridad de Europa sin contar con la UE" y en que "ya no estamos en la época de Yalta", por lo que no se puede "dividir el mundo en esferas de influencia.

La UE apuesta por la disuasión y por la diplomacia al mismo tiempo que muchos Estados miembros, entre ellos España, ya han enviado tropas para participar en el despliegue de la OTAN. Una de las grandes debilidades de la Unión es precisamente que la decisión final está en manos de los Estados miembros, y eso dificulta el consenso. Valen tres ejemplos: Alemania no adopta una postura dura por la dependencia energética de Rusia, Francia quiere liderar, pero a su manera, la posición europea frente a Putin y Hungría se mantiene como uno de los 'amigos' del Kremlin entre los 27, dada la cercanía entre Viktor Orbán y el presidente ruso.

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