¿Existen realmente las macrogranjas? La indefinición del debate que enfrenta a gobiernos, cárnicas y ecologistas

Varios cerdos se amontonan en una porqueriza en una granja intensiva en Segovia.
Varios cerdos se amontonan en una porqueriza en una granja intensiva en Segovia.
Jorge París | Jorge Paris

En las dos semanas escasas que llevamos de 2022 pocos debates han suscitado tantos titulares y declaraciones acaloradas como el asunto de las macrogranjas. Desde que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, abriera la caja de los truenos con unas polémicas declaraciones en el diario británico The Guardian el día después de Navidad, políticos, ganaderos, veterinarios, ecologistas han ido haciendo la bola cada vez más grande. 

La cuestión no es baladí y las posturas en el debate están cargadas argumentos de peso. Por un lado, España se enfrenta a una compleja transición ecológica en la que muchas voces señalan que el modelo actual de producción y consumo de carne no tiene cabida. Los movimientos vecinales de pueblos cercanos a las macrogranjas también se quejan. Sostienen que estas instalaciones contaminan el agua, generan malos olores y se sienten engañados por algo que "se les vendió como progreso". 

En el otro lado del ring están quienes defienden que la ganadería industrial es un sector fundamental para la industria española con un fuerte peso en las exportaciones, que elabora un producto de calidad reconocido internacionalmente, seguro, a buen precio y que cumple la normativa".

Por ello quizá no sorprende que ninguna de las partes acierta a definir con precisión qué es esto de las macrogranjas. El concepto no aparece en la legislación y en función de a quién se pregunte la respuesta cambia. 

Una buena forma de abrir el melón y contribuir a aclarar el debate es preguntar a quien puso el debate sobre la mesa, el ministro de Consumo, Alberto Garzón. Fuentes de su ministerio consultadas por este periódico sostienen que "no hay una definición precisa" de lo que es una macrogranja y añaden que no les corresponde a ellos "delimitar estos parámetros". 

En su entrevista en The Guardian Garzón decía literalmente lo siguiente. "Lo que no es sostenible son las llamadas macrogranjas. Encuentran un pueblo en la España despoblada y ponen 4.000, 5.000 o 10.000 cabezas de ganado. Contaminan el suelo, el agua y exportan carne de baja calidad de animales maltratados".

Cuándo se pregunta al Ministerio de Agricultura (una cartera con la que Consumo ha tenido sus roces por las declaraciones de Garzón) qué es una macrogranja la respuesta es que "es un término al uso que se suele aplicar para referirse a explotaciones en las que hay un elevado número de animales, pero sin que existan umbrales oficiales". Desde Agricultura insisten en señalar que "no existe equivalencia entre producción intensiva y 'macrogranja'". "Son conceptos totalmente diferentes", defienden.

Los grupos ecologistas no lo ven del todo así. Para Luís Ferreirim, portavoz de Greenpeace especializado en la industria, las macrogranjas "existen" y además "hay bastantes en España". "Son instalaciones industriales, muy mecanizadas y que tienen una gran capacidad de producción en espacios muy reducidos. Los animales están hacinados. Es realmente lo que podemos llamar una ganadería sin tierra, porque depende totalmente de insumos externos", explica. "Para nosotros es el exponente máximo de ese modelo de ganadería industrial que está provocando daños ambientales y sociales que estamos viendo y que se están señalando estos días", añade. "No hay una definición, pero lo cierto es que hay macrogranjas y proyectos de macroganjas verdaderamente faraónicas sobre la mesa", añade.

El Consejo General de Colegios Veterinarios discrepa. "Es un concepto que tenemos que es erróneo. Estamos hablando de una producción intensiva con animales. Creo que es un mal planteamiento", cuenta José Ramón Caballero, profesor de Producción Animal en la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente del Colegio de Veterinarios de Ciudad Real. 

"Qué considero yo una macrogranja, ¿el hecho de poder meter seis naves de 60.000 gallinas? Cada una de estas naves va a tener su propio criterio de producción, su propio control ambiental, de animales, de subproductos... Muchas veces no entiendo por qué que nos vamos a este parámetro que parece que no se puede defender: pues claro que se puede defender", sostiene Caballero.

Desde la Coordinadora Estatal Stop Ganadería Industrial señalan que el concepto se acuñó en los movimientos vecinales. "Es un término popular que hace referencia a algo grande. Es coloquial, efectivamente no está recogido en la legislación, pero hace buena cuenta de que es algo grande y descomunal", dice Inma Lozano, portavoz de la plataforma. "Es un tipo de ganadería industrial intensiva, una forma de producir alimentos de manera rápida y basta en naves industriales donde tienen que recurrir a terceros que les suministren el pienso y también para deshacerse de los purines" [El purín es un líquido procedente de la orina de los animales y lo que rezuma el estiércol que en grandes cantidades es altamente contaminante], prosigue. "Los animales no salen siquiera a un pequeño corral. Están siempre en la nave. En seguida los engordan para que puedan estar disponibles para matadero, usan antibióticos de manera profiláctica...", concluye.

El concepto tampoco queda claro para la industria. "Es un tema prácticamente semántico. Ha aparecido un concepto que no está definido y que queda en el imaginario de cada uno", desliza Josep Collado, secretario general de Fecic, una de las patronales del sector cárnico. "La norma general está en un máximo de 5.500 animales si no recuerdo mal y las comunidades tienen capacidad para incrementarlo hasta 7.200. Eso es lo que yo entiendo que sería una macrogranja, aquellas que de algún modo están en el límite máximo del número de animales que le permite la legislación. Están dentro del marco jurídico y, por lo tanto, no hay ninguna ilegalidad", explica.

Con las cartas que hay sobre la mesa algo más claras, la polémica está servida.

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