El festejo y el chotis superan al miedo a la Covid en San Isidro

Un grupo de personas vestidas con el tradicional traje de chulapas, este sábado en la Puerta del Sol.
Un grupo de personas vestidas con el tradicional traje de chulapas, este sábado en la Puerta del Sol.
EFE

Por segundo año consecutivo, el coronavirus ha enturbiado las festividades de San Isidro, el patrón de Madrid, al no celebrarse grandes festejos, pero los madrileños no han podido resistir la tentación de acudir a la pradera con sus mejores galas de chulapo para bailar el chotis o la feria alternativa que se ha celebrado en el recinto de Ifema.

"No nos íbamos a quedar en casa", ha asegurado David, quien se ha calzado la parpusa, la chupa, el clavel y la mascarilla, junto a sus hijas Carla y Abril, para acudir a la primera feria que se celebra después de más de 20 meses en Ifema.

La noria, el barco pirata o el tren de la bruja han vuelto a arrancar en el recinto ferial y, a pesar de la ilusión palpable de los visitantes, era reseñable la ilusión de los feriantes, como María del Carmen, quien espera que este San Isidro marque un "antes y después" en su industria y "se les permita trabajar como al resto porque ellos también pueden cumplir los protocolos contra el coronavirus".

Esta feria abrió en la tarde de este viernes, después de retrasar su apertura prevista para el jueves por una serie de deficiencias e informes desfavorables que ya se han solventado: "Tenemos muchas ganas y mucha ilusión. Es la primera feria desde que empezó la pandemia y trabajar para ver a la gente disfrutar y recuperar un poquito de la nueva normalidad me hace muy feliz", ha asegurado mientras vendía entradas a dos niños saltarines.

Los más pequeños han sido los más disfrutones de la mañana de este sábado de San Isidro como Aránzazu y Marina, de 3 y 7 años, para quienes es su primera vez en una feria y no ven nada contradictorio en que se celebre a pesar de la pandemia: "Nos lo estamos pasando muy bien, quiero jugar", dicen las hermanas.

En la otra punta de Madrid, en la pradera de San Isidro, que hace dos años estaba llena de bullicio, olor a fritanga de gallinejas y música atronadora, el chotis no podía faltar en el día más madrileño del calendario a pesar de la pandemia.

Mientras algunos hacían cola en la ermita para honrar al santo -que contaba con limitaciones de aforo y sin poder beber el agua-, la improvisación de los chulapos y chulapas ha asaltado la pradera para hacer un gesto a lo castizo y un par de parejas han mostrado sus dotes en la danza madrileña.

Luis y Violeta han acudido a una pradera con un pequeño altavoz para hacer sonar el Madrid, Madrid, Madrid del mítico Agustín Lara para agasajar a los presentes con su baile porque este año, que se puede al menos estar "al aire", querían celebrar "un poquito" San Isidro. "Este año, que se puede, queríamos celebrar un poquito San Isidro. La pandemia no nos permite disfrutar de una gran fiesta en la pradera pero la ilusión de ser madrileño no la vamos a perder", ha asegurado Violeta.

Engalanadas de chulapas, una extremeña, una andaluza y una madrileña "gata, gata", Sofía, Isabel y Marisol, aguardaban la cola para acudir a una de las misas en honor a San Isidro pues no querían quedarse en casa porque "hay que festejar al patrón de Madrid" y hay que seguir celebrando y "no perder el espíritu" de la ciudad que les han acogido desde hace décadas: "Como si hubiéramos nacido aquí", afirma Isabel.

Al menos 2.240 agentes de refuerzo entre Policía Nacional y Policía Municipal estarán hasta este domingo controlando las áreas de la pradera, el parque de San Isidro, y en Las Vistillas, durante todo el día, para que no se produzcan venta ambulante y botellones.

Algunos han aprovechado este primaveral día de San Isidro para hacer en la pradera un pequeño pícnic con manteles a cuadros rojos y blancos, además de la distancia de seguridad, y con la nostalgia y la esperanza de que el jolgorio vuelva a llenar este parque.

El pasado año San Isidro se celebró desde los balcones y con encuentros digitales; este 2021 se ha vuelto a abrir tímidamente la fiesta a la ciudadanos. Solo queda esperar que el próximo año vuelvan la música, los abrazos y la fiesta a la pradera.

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