¿En tu casa o en la clínica? Consejos para afrontar la eutanasia de tu perro o de tu gato

Despedirse de un perro o un gato es uno de los momentos más duros que se pueden afrontar.
Despedirse de un perro o un gato es uno de los momentos más duros que se pueden afrontar.
GTRES

Cualquier persona que haya compartido parte de su vida con un perro o un gato sabe que el momento de la despedida final a un animal es uno de los más traumáticos y dolorosos a los que un ser humano se puede enfrentar. Si además, este adiós conlleva consigo tomar la decisión de practicarle la eutanasia surgen también momentos de indecisión, culpabilidad y sufrimiento extras.

Pero, ¿qué es la eutanasia animal y cuándo se recomienda su práctica?

El término eutanasia procede del griego y significa literalmente ‘buena muerte’. Su finalidad, por tanto, es la de evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida a un perro o un gato enfermos. Se trata, por supuesto, de una decisión crucial para el cuidador o cuidadores que debe venir marcada por un diagnóstico veterinario previo y por la recomendación de éste de llevarla a cabo cuando, ya sea por vejez del animal o por enfermedad, se vea reducida de forma notable su calidad su vida, no haya posibilidades de recuperación y/o esté sufriendo mucho

Así pues, cuando un especialista veterinario recomienda la eutanasia, aunque sabe que va a ser durísimo afrontarlo para el dueño de la mascota, es porque tiene claro que es lo mejor para el animal porque el perro o el gato ha llegado a un proceso irreversible en el que cada vez sufrirá de una forma más intensa.

¿Qué tipos de eutanasia existen para animales?

La más conocida es la llamada eutanasia activa. Es importante recordar siempre que una de las máximas de la eutanasia es que el perro o el gato muera sin dolor, sin ansiedad y sin temor. Por lo que el primer paso es administrarle de forma intravenosa al animal una combinación de sedante y analgésico que le deja inconsciente. Para posteriormente recibir un anestésico que a los pocos segundos hace efecto en el cerebro y luego en pulmones y corazón.

Menos comunes son la eutanasia pasiva, que consiste en evitar cualquier tipo de tratamiento que alargue la vida del animal sabiendo que este no podrá recuperarse y que acelera la muerte de forma natural para evitar su sufrimiento. Y la eutanasia indirecta en el que perro o gato reciben un tratamiento de la enfermedad aunque éste pueda acelerar su muerte.

Llegados a este punto es importante recalcar que la eutanasia no tiene nada que ver con el sacrificio de animales. El sacrificio es inducir a la muerte a un animal que se encuentra sano y, por tanto, un acto irresponsable e inmoral. La eutanasia, por su parte, es una acción completamente ética encaminada a aliviar el sufrimiento del animal y facilitarle una buena muerte.

¿Qué señales indican que el animal está sufriendo?

A nivel veterinario hay diversas señales que pueden indicar que el perro o el gato tienen malestar y que puede servir a sus cuidadores a plantearse la eutanasia. Todos ellos están directamente relacionados con la disminución de su calidad de vida: cuántos días hace que no come (si es que come), qué nivel de actividad tiene, sin camina, si puede orinar solo, si controla o no los esfínteres, si responde o no a la medicación...

Sin embargo, la identificación del dolor en el ámbito familiar (previa al diagnóstico veterinario) puede ser mucho más complicada, ya que los animales son expertos en ocultar el dolor y es frecuente no reconocerlo hasta tener un diagnóstico veterinario. El veterinario Alfredo Molina Leiva, de la clínica La Asunción de Elche, aporta en su web un listado de signos que podrían hacernos sospechar:

Signos de dolor en perros

  • Cambios en los movimientos: el no apoyar una pata, no querer moverse, tambaleo o rigidez del cuerpo.
  • Disminución o falta de apetito.
  • Vocalizaciones excesivas: ladridos, gruñidos, aullidos... sobre todo en situaciones en las que no solían hacerlo.
  • Alteraciones de la conducta como agresividad o, por el contrario, depresión sin respuesta a estímulos.
  • Gruñe cuando se le acaricia o se le manipula en una determinada zona.
  • Se lame o muerde una determinada zona de manera compulsiva.
  • Jadeo constante cuando está descansando.
  • Pelaje opaco y apariencia descuidada. 



Signos de dolor en gatos

  • El gato puede presentarse agitado, vocalizar o volverse agresivo si intentamos tocarlo.
  • El animal está quieto, no juega, cambia su comportamiento normal o no quiere moverse.
  • Rechazo de alimento, respiración más rápida y superficial o unos latidos del corazón aumentados de frecuencia.
  • Cese del acicalamiento, con apariencia descuidada, pelo opaco y despeinado.
  • Postración, sin respuesta a estímulos.
  • Vocalizaciones excesivas.

¿Eutanasia en casa o en la clínica?

Si tras el diagnóstico, el veterinario sugiere la posibilidad de realizarle la eutanasia a la mascota para evitar mayores sufrimientos al animal o porque ya se encuentra en una situación irreversible y el cuidador está de acuerdo en llevarla a la práctica conviene tener en cuenta algunos detalles. Por un lado, existe la posibilidad de que esta se realice en el propio domicilio. Esto ofrece la posibilidad de que el ambiente sea lo más íntimo posible, de que el animal esté rodeado de todos los miembros de la familia que quiera acompañarle en este trance, de hacerlo en un lugar conocido y familiar para él, de preparar el momento con con mayor privacidad, de despedirse con mayor tranquilidad y de evitarle un mayor estrés al animal con un traslado si se encuentra muy dolorido.

En el caso de optar por la clínica, cada vez son más los hospitales de animales que cuentan con espacios separados y silenciosos para este difícil momento, donde el animal no tiene que estar en contacto con otros animales y que facilitan la privacidad necesaria a sus cuidadores para despedirse en las mejores condiciones.

¿Debemos acompañar a la mascota en ese momento?

Obviamente esta es una decisión muy personal, pero acompañar a la mascota en el momento de la despedida puede hacer que se vaya más tranquila. Aunque el perro o el gato no sabe de su situación médica ni de su enfermedad, encontrarse sin compañía cercana puede hacerle sentir miedo. En cualquier caso, cada persona debe pensar con detenimiento si va a ser capaz de afrontar este proceso y si cuenta con las fuerzas necesarias para llegar hasta el final. Sea cual sea la decisión final, no hay que sentirse culpable porque lo realmente importante es el amor que la mascota ha recibido a lo largo de toda su vida y tener muy claro también de que en este momento estamos haciendo lo mejor para ella. El veterinario puede ofrecer la posibilidad de quedarse con el animal durante todo el proceso, quedarse fuera desde el principio o bien una opción intermedia, que sería la de acompañar a la mascota hasta que reciba el primer pinchazo para ser sedado y quede inconsciente.

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