Las elecciones de la foto 'finish': Trump ya habla de "fraude" sin que acabe el recuento y Biden queda desdibujado

Simpatizantes del candidato demócrata en las elecciones de EE UU, el ex vicepresidente Joe Biden, y del actual presidente y candidato republicano, Donald Trump, en Atlanta, Georgia.
Simpatizantes del candidato demócrata en las elecciones de EE UU, el ex vicepresidente Joe Biden, y del actual presidente y candidato republicano, Donald Trump, en Atlanta, Georgia.
ERIK S. LESSER / EFE
Se auguraba una batalla reñida y lo ha sido. Ajustada y sin precedentes por los más de 100 millones de votos por correo que están retrasando los resultados definitivos. Hay que armarse de paciencia para conocer al ganador de estas elecciones. Pero los dos candidatos ya han comparecido para lanzar su mensaje a los simpatizantes. El demócrata, Joe Biden, pide paciencia. Asegura que "tal vez, hasta mañana por la mañana o incluso más", no se conozca el vencedor pero considera que "estamos en el camino de ganar estas elecciones". Por su parte el presidente de EEUU y candidato republicano, Donald Trump, ha dado las gracias al pueblo americano "por el tremendo apoyo que nos han dado", pero asegura que "hay un grupo triste de personas que nos quieren quitar nuestros derechos y no lo vamos a permitir." Nada parece, pues, aún decidido y los dos candidatos se ven con opciones para conseguir la victoria y la presidencia de los Estados Unidos. Todavía pueden pasar horas o días hasta que se sepa el resultado definitivo.

En películas, series, libros y también de muchas voces en la realidad hemos escuchado que Estados Unidos es el país líder del "mundo libre". Seguramente, desde el punto de vista de potencia internacional, China tenga algo que decir. En todo caso, las elecciones en EE UU son una fecha marcada en rojo en el calendario internacional, y de rojo ha querido volver a teñir el país un Donald Trump que llegaba pletórico a la jornada electoral. Y en esas sigue. En el otro lado, un Joe Biden tan desdibujado en la noche electoral como en la campaña, y al que incluso con esa poca visión estratégica le puede servir para abrir de par en par las puertas del Despacho Oval. Todo ello en unos comicios que marcan récord de participación desde el año 1900.

Trump no se lo va a poner fácil. Antes ya de que acabe el recuento, el presidente ha avisado de que denunciará "fraude", en un movimiento que, si se es pulcro, tiene mucho de antidemocrático: no reconocer un resultado electoral si pierdes unas elecciones no representa ni mucho menos ese "mundo libre". Y es que la noche, con sus tumbos, ha ido dejando cierta ventaja para los republicanos, que han desafiado una vez más a las encuestas. Trump ya lo hizo en 2016 y el camino ahora es el mismo.

Las miradas estaban puestas en los estados bisagra. Se llaman swing states (en inglés) porque bailan. Ganar ahí te asegura, casi con total seguridad, ser presidente. Pero este 2020 es especial, incluso para esto. Trump va con ventaja en ese sentido. Se ha impuesto en Carolina del Norte, Ohio y también en Florida, que desde 1992 anticipa al ganador: quien vence Florida, vence en el general. Joe Biden, en cambio, se tiene que agarrar a un clavo ardiendo. Y ese clavo tiene nombre y apellidos: cinturón del óxido. Los estados de Pensilvania, Wisconsin -que también se ha apuntado Biden-, Georgia y Arizona podrían ser la fórmula mágica para los demócratas. En Nevada también se juegan los candidatos buena parte de sus opciones. Hay que tener en cuenta, asimismo, que el recuento del voto por correo irá para largo (incluso a la semana que viene). Una victoria que sume Míchigan y Wisconsin abre del todo el camino al demócrata.

Precisamente en Arizona se ha apuntado Biden su gran victoria parcial de la jornada. Es el único estado bisagra que -a falta de algunos de ellos- cambia de color. Vuelve al azul demócrata después de haber sido rojo republicano en 2016 (y desde 1996). Sorpresa parcial, porque el votante base de Arizona ha ido cambiando en los últimos años. Otros premios de consolación para Biden están en Texas, tradicionalmente republicano, donde al menos presentó batalla y en Georgia, que está por dirimirse y lo hará en un escaso margen.

En los estados seguros sí que no ha habido novedades. El voto urbanita ha seguido en manos de Biden (Nueva York, por ejemplo). mientras que las zonas rurales siguen siendo territorio Trump. Pero esos territorios, al fin y al cabo, no son las que deciden las elecciones. Si usamos lenguaje futbolístico, las ligas se ganan en los campos pequeños. Pues las elecciones de EE UU se ganan en los estados bisagra.

En resumen, todo se juega en Wisconsin, Michigan, Georgia, Nevada, Pensilvania y Carolina del Norte. Biden es presidente si gana en tres de ellos. Trump necesita ganar al menos en cuatro para salir reelegido.

Con todo, la noche electoral ha sido (y la resaca de la misma sigue siendo) un fiel reflejo de lo que han sido las campañas. Joe Biden empezó mal, dejándose ver poco y flojo en el primer debate. Ha pagado las consecuencias. Ha olvidado nichos de votantes que podían ser jugosos para él y el efecto Kamala Harris con las minorías ha quedado diluido. Esto se ve con claridad en el voto hispano: el descalabro ha sido importante y ha perdido drásticamente el apoyo dado por este colectivo a Hilary Clinton hace cuatro años (Miami Dade, por ejemplo, que es el condado más importante de Florida fue a parar a Trump).

El presidente, por su parte, ha jugado por dos vías: la de la heroica y la de la duda. Primero, desafiando las encuestas y consolidando una base de votantes que ya se sabía que tenía. Además, precisamente ha podido sumar buena parte de un voto latino que como tal no existe; no es homogéneo. Por ejemplo, cubanos y venezolanos viran hacia los republicanos mientras que los puertorriqueños y los mexicanos son tradicionalmente demócratas. Pero es que además Trump ha usado un arma que todo el mundo sabía que tenía en el bolsillo: sembrar el caos. Ya al inicio de la campaña avisó de que una derrota suya sería "un fraude" al país y ha necesita un amago de ventaja para salir a confirmarlo. Ese es su plan.

Fuentes consultadas por 20minutos antes de las elecciones ya hablaban de que no iba a haber "noche electoral" sino "semana electoral". Así será. Pensilvania, que se antoja decisivo, no acabará el recuento hasta este miércoles como pronto. Mientras, Estados Unidos y el mundo entero se mantienen en vilo. De hecho, existe una posibilidad compleja pero real: que haya empate a 269 votos electorales. Entonces, la elección pasa al Congreso y se puede demorar meses.

En este sentido, hay que tener en cuenta que los demócratas han mantenido el control de la Cámara de Representantes y una de sus voces más progresistas, Alexandra Ocasio Cortez ha salido reelegida por Nueva York. Al final, el control de las Cámaras acaba siendo decisivo. Desde 2016, los Representantes tienen mayoría demócrata y los republicanos 'mandan' en el Senado. Esa correlación de fuerzas acaba siendo decisiva para que ciertas políticas salgan o no adelante. El poder del presidente se limita si tiene al menos una de las dos Cámaras en contra.

Las elecciones en Estados Unidos, al menos esta vez, son los comicios de la tensión, de un país más dividido que nunca y muy marcado también por la crisis del coronavirus. Pero también son las elecciones de la paciencia. Pasarán días hasta que, en un escenario idílico, sin recursos judiciales de por medio, se pueda conocer al próximo presidente. La duda sigue.

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