De vuelta a la UCI seis meses después: "Lo peor no ha pasado, eso viene ahora"

Control de constantes y posición decúbito prono de un paciente en la UCI.
Control de constantes y posición decúbito prono de un paciente en la UCI.
Jorge París

Han pasado seis meses, pero los pasos que separan los dos mundos de la UCI son los mismos: cinco. Esa distancia tan pequeña divide a los sanitarios con mascarilla de los ‘astronautas’; la vida de la batalla. Entonces, allá por abril de 2020, las UCI del hospital madrileño Ramón y Cajal empezaban a respirar tras semanas de asfixia. Seis meses después, mismo sitio, distinta historia, la de la segunda ola.

Todo en la UCI pita. Es un sonido constante, agudo, rítmico, el de las máquinas que mantienen un pulso a vida o muerte con el virus. De repente, ese pitido cambia, se acelera. El oído lo escucha, pero el corazón más. Pasos, ajetreo, parada. Cada segundo cuenta.

"Son pacientes que están muy graves. O resuelves ipso facto o se mueren", explica Ana, del servicio de enfermería. Escuchar esa frase duele. Sobre todo, con 20 pacientes alrededor. La mayoría están sedados, intubados, en prono (boca abajo). Por ese suelo de color naranja y esos box acristalados han pasado ya, calcula David Pestaña, jefe de la unidad y de Anestesia y Reanimación, centenares de pacientes. Muchos vencieron, pero muchos otros se apagaron.

– Hay una sensación generalizada de que los pacientes covid que entran en UCI no salen.

– "Bueno, es real. Muchos no salen. La mortalidad aquí puede estar en torno al 30%".

– Uf...

– "Lo terrible es cuando ves las caras de los pacientes que entran y no sabes a cuál de los tres le va a tocar".

Trabajar en esas condiciones no es fácil, tampoco para el personal acostumbrado a tratar con pacientes críticos. "Ninguno estaba preparado para esto. Al final te tienes que poner una coraza", añade Pestaña. "No podemos pensar en los que se van. Hay que pensar en los que están aquí con nosotros".

"Los próximos meses, serán duros", indican. "Lo peor está por llegar".
Varios sanitarios asean a uno de los pacientes ingresados.
Jorge París

Son las 10.00h y en la UCI hay movimiento. En el box 5, un equipo de sanitarios con traje de ‘astronauta’ realiza una traqueostomía (una incisión en el cuello para abrir la tráquea y facilitar así el aire en los pulmones). A la misma hora, pero a unos metros de distancia, se lleva a cabo otra. Es un procedimiento habitual en pacientes con fracaso respiratorio. 

El paciente del box 10, mientras tanto, está sometido a terapia ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea). "Ese pulmón está tan deteriorado que no puede hacer el intercambio gaseoso, así que se le aplica esta terapia en último extremo". Una telaraña de cables le rodea. Son necesarios para que "la sangre salga del cuerpo, se oxigene fuera y vuelva a entrar", en palabras de Beatriz Martín, supervisora adjunta de enfermería. "Se aplica a los que están muy, muy graves y tienen muy pocas opciones de salir, pero tienes que intentarlo". El paciente ronda los 60 años. Es joven. Los hay por debajo de los cincuenta.

Traslado de un paciente que recibe el alta de la Unidad de Cuidados Intensivos, pasando a planta.
Traslado de un paciente.
Jorge París

El viernes 16 de octubre, cuando se realizó este reportaje, 15.000 personas se habían contagiado de coronavirus en un solo día en España, la peor cifra de la segunda ola, y casi 1.800 se aferraban a la vida en las UCI de todo el país. Ese día, las de Covid del Ramón y Cajal (34 camas en total) estaban llenas, pero el hospital ha habilitado otros espacios por si la situación empeora. "Ahora estamos más preparados, tenemos mejores protocolos y material", continúa Martín optimista. Es imposible olvidar que hace seis meses las cifras eran otras, cuando llegaron a tener hasta 114 pacientes críticos.

Pese a todo, la sensación allí dentro es de calma tensa. El recuerdo de aquel marzo dramático está demasiado presente, y la idea de que el frío puede desbordar el sistema de nuevo más aún. "Estoy temblando con lo que viene. Lo peor no ha pasado, eso viene ahora", advierte el doctor Pestaña. "Lo vemos con otros países. Están peor con el frío. Si nosotros en la época buena, de calor, de vacaciones, ya estábamos así, cómo estaremos cuando empiece lo malo".

– ¿Soluciones?

– "Yo no la veo. Muchos culpan a la gente joven. No creo que la gente de 70 años esté en botellones. Se nos están escapando muchos casos. O aumenta el rastreo o aumenta el aislamiento. Que paren esto".

– Le noto enfadado.

– "Estamos muy enfadados. Estamos haciendo nuestro trabajo, estamos cumpliendo con lo que se nos pide, pero no veo que se haga nada".

Cansados, pero pacientes. El personal sanitario no descansa ante la llegada de nuevos pacientes en la segunda ola Covid.
El personal sanitario no descansa ante la llegada de nuevos pacientes.
Jorge París

El perfil de las personas que acaban en la UCI ha cambiado poco en estos seis meses (varón de edad madura), pero hay una ligera diferencia que deja hueco a la esperanza: "Los pacientes intubados siguen muy malos, que nadie piense que la segunda ola es más leve que la primera, pero sí es verdad que, al haber menos volumen, estamos ingresando pacientes que no llegan a ser intubados. O bien porque llegamos antes o sencillamente porque en la primera ola no llegaban a entrar".

Mientras el doctor habla, una enfermera conversa con un paciente en el box 13. "¿Te encuentras bien?", le pregunta. Leve movimiento de cabeza, un abrir y cerrar de ojos. Esos gestos bastan para saber que, para él, lo peor ha pasado. Está bien, fuerte. La enfermera tiene buenas noticias: su lucha pasa ahora a planta. 

Estos pacientes son la esperanza del resto y también de los profesionales que llevan meses en primera línea de virus, con guardias eternas, familias preocupadas y la llegada de una segunda ola que apenas ha dado respiro. "Ha habido muchas depresiones, estrés…", señala Pestaña. "No le perdemos el miedo al virus, pero nos hemos acostumbrado a vivir con el horror".

LA LLAMADA MÁS DIFÍCIL

  • Todos los profesionales coinciden en lo mismo. El coronavirus ha deshumanizado un servicio que necesita a los familiares de los pacientes implicados. Su presencia es vital en la recuperación. La Covid, sin embargo, ha obligado a los seres queridos a quedarse en casa, esperando. Y no es fácil. Los profesionales lo saben bien. Para ellos tampoco es sencillo que la comunicación se limite al teléfono.

    Todos los días, Borja Hinojal, médico de Anestesiología y Reanimación y secretario del comité de humanización del hospital, descuelga el teléfono, les llama e informa de la evolución. "Es difícil, es dificilísimo", explica. "En persona ves su reacción, si está entendiendo la información o no, si está en shock… Aquí no".

    Tanto Hinojal como el resto de compañeros intentan llamar todos los días a la misma hora, pero no siempre es posible, y ahí empieza la incertidumbre y el calvario de las familias, las preguntas: ¿estará bien?, ¿habrá pasado lo peor?

    "La agonía que tiene que pasar el familiar que está esperando una llamada que igual se demora cuatro o cinco horas… esa espera la viven con muchísima angustia". Para él, ver cómo se apagan los pacientes es duro, informar a los familiares también lo es. "Decirle a alguien que su familiar ha fallecido es horrible, horrible de verdad".

    Por todo eso, el comité de humanización del hospital –ese que decidió que los familiares de esos pacientes que se apagan le den el último adiós con los EPI puestos–, está llevando a cabo encuestas a 100 familias para conocer cómo han vivido todo el proceso y qué se puede mejorar.

En este sentido, la labor de los psicólogos ha sido un pilar fundamental para que los profesionales sobrelleven la situación. "Vienen más ahora que antes", asegura Patricia Fernández, psicóloga del mismo hospital. "Vienen con impotencia y con el miedo de que esto vuelva a pasar".

Al doctor Borja Hinojal, en concreto, le llegó a afectar a nivel emocional, como a tantos otros. "Fue en junio o julio cuando nos dio un bajón anímico a todos, justo cuando bajaron el volumen de pacientes y la adrenalina. A muchos nos cambió hasta el ciclo del sueño".

– La última vez me dijo que, pese a todo, no perdía la esperanza. ¿Lo mantiene?

– "Por supuesto, es lo último que se pierde", asegura antes de marcharse y volver a cruzar la frontera, allí, al otro lado, a solo cinco pasos.

Trabajos previos del personal sanitario para entrar en zona Covid en la UCI.
Trabajos previos del personal sanitario para entrar en zona Covid en la UCI.
Jorge París
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