Elena y Paul, una pareja confinada en el muelle y dentro de su barco por el estado de alarma: "Solo oímos mar y gaviotas"

  • Viven como en cualquier comunidad de vecinos, respetan la distancia mínima y a las 20:00 aplauden a los sanitarios.
  • "Si no llueve podemos salir fuera, estar tomando el sol y hay mucho silencio, somos afortunados", dicen a 20minutos.
Paul y Elena, en el interior de su barco.
Paul y Elena, en el interior de su barco.
CEDIDA

El confinamiento nos afecta a todos, aunque no todos lo vivimos de la misma manera. Hay quienes se enfrentan al aislamiento en situaciones excepcionales. Es el caso de Paul y Elena, una pareja de 27 y 33 años respectivamente, que viven en un velero desde hace año y medio y en el que quieren dar la vuelta al mundo. 

Ambos trabajan en yates en verano, y en invierno se dedican a estudiar y reformar el barco. Elena es instructora de buceos y Paul se dedica a la reparación y mantenimiento de barcos. Su vida está ligada al mar, pero no desde siempre. "En su día estudié Químicas y vivía en Madrid, pero vi que aquello no me gustaba. Lo dejé todo y me vine a la costa. Y aquí encontré a un loco enamorado del mar como yo", narra Elena a 20minutos . "Cuando conoces el mar y lo conoces así , no lo puedes dejar".

Elena y Paul se encuentran ahora mismo en la marina Club de Regatas de Cartagena y para llagar hasta ahí vivieron unos días de incertidumbre porque no sabían si iban a poder trasladarse tras la declaración del estado de alarma. Pese a las dificultades, pudieron finalmente llegar hasta donde tiene el amarre.

Elena y Paul, en una foto en el puerto junto a su velero.
Elena y Paul, en una foto en el puerto junto a su velero.
CEDIDA

Su casa flotante es "pequeña" y se llama Maracas, un Grand Soleil 46 construido en el astillero Cantieri del Pardo y que compraron en Sicilia. De largo tiene 14 metros de eslora, que son unos 46 pies, lo equivalente a 4,3 metros cuadrados aproximadamente, y de ancho unos 4 metros. Contiene tres camarotes, aunque solo usan uno porque los otros dos no disponen de colchones.

Por otro lado, el barco tiene cocina, un aseo y una nevera. "Se puede limpiar perfectamente como una casa, aunque nosotros estamos de obras y cuesta mantenerla limpia", cuenta Elena. Aún así, la pareja intenta seguir todas las recomendaciones. "Cuando vamos a un supermercado, desinfectamos todo. Lavamos con agua y lejía tanto los zapatos y bolsas como toda la compra". En su cuenta de Instagram publican fotos y vídeos de su día a día. 

También aplauden a las 20h a los sanitarios

También intentan mantener la distancia recomendada con sus vecinos al ir a la ducha o lavar la ropa. Ellos carecen de estos dos servicios y tienen que trasladarse hasta las instalaciones de la marina. A su alrededor hay gente viviendo en ocho barcos. "Aquí vivimos pocos españoles y por eso al principio no sabían en qué consistía el confinamiento porque no saben español y solo leen información de sus países. Pero como tenemos un grupo, fui yo poniéndoles la información", explica Elena. 

En Cartagena hay dos marinas, el Club de Regatas, que es donde están ellos, y uno en el otro lado que es el Yacht Port, y ahí hubo un caso confirmado de coronavirus. "Por eso, ahora lo entienden mejor y no salen con los barcos", explica. 

"Si no llueve podemos salir fuera y tomar el sol. Hay mucho silencio. Solo se oye el sonido del mar y las gaviotas. Somos afortunados"

Elena y Paul viven como en cualquier comunidad de vecinos, respetan la distancia mínima y a las 20:00 salen a aplaudir a los sanitarios. "A esa hora el barco de Salvamento marítimo toca la bocina, la Guardia civil el otro puso la alarma y entre nosotros nos preguntamos por cómo estamos, además de tener un grupo en el que hablamos sobre la situación", dice la pareja.

La mayoría de los vecinos de este pequeño barrio flotante coinciden en que no se aburren, aunque cuentan con más dificultades los que tienen niños. "Si no llueve podemos salir fuera, estar tomando el sol y hay mucho silencio. Solo se oye el sonido del mar y las gaviotas. Somos afortunados", añade. 

Se sienten afortunados

Tienen el barco en obras, la situación no es tan cómoda y porque les faltan unas ventanas por poner, renunciaron a las comodidades que tenían para no estropearlas durante la reforma, no tienen sofá, la luvia les ha provocado goteras. Pese a todo, se sienten afortunados.

Paul y Elena, la pareja que vive confinada en su velero en Cartagena.
Paul y Elena, la pareja que vive confinada en su velero en Cartagena.
CEDIDA

"Si tuviésemos el barco listo sería mucho más cómodo, porque sería esta sin hacer nada. Pero por el otro lado, al tener el barco medio en obras, todos los días podemos ir haciendo algo, ya que es nuestra casa y eso nos entretiene y no nos aburrimos como en otros sitios", dice Elena. 

Este aislamiento no es nuevo para ellos. Dicen que durante todo el invierno suelen estar en el barco y apenas hacen vida social y consideran esto como una prueba. "Como tenemos la idea de cruzar el atlántico en enero del año que viene, si todo va bien, pues es también una prueba. En el cruce del atlántico son 20 días sin ver tierra y metido en un barco. Lo cual nos sirve un poco de entrenamiento", dicen. La pareja espera que todo esto se acabe pronto y está deseando que llegue enero para conseguir su sueño de dar la vuelta al mundo.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento