Una Marcha Radetzky menos marcial y 'limpia de nazismo' suena en Viena durante el Concierto de Año Nuevo

El letón Andris Nelsons (i) ha dirigido hoy a la Orquesta Filarmónica de Viena
El letón Andris Nelsons (i) ha dirigido hoy a la Orquesta Filarmónica de Viena
EFE/Terry Linke

Una vez más, y ya van 80, la Filarmónica de Viena ha saludado al Año Nuevo con su tradicional concierto, en el que esta vez los tradicionales valses de los Strauss han hecho por primera vez hueco a Beethoven, y en el que el fin de fiesta de la Marcha Radetzky sonó limpia de reminiscencias nazis.

El director letón Andris Nelsons, de 41 años, que se estrenaba en la tarea de conducir desde el atril este saludo al 1 de enero, cumplió su deseo expresado unos días antes de "compartir con la gente la alegría" y empezar el año con algo positivo.

Tras el programa oficial, con el vals "Dinamos" de Josef Strauss, llegó el momento de las irrenunciables propinas que la Filarmónica de Viena regala cada 1 de enero. La primera fue una sorpresa: una polka rápida de Josef Strauss.

Luego, como es tradición, Nelsons y los filarmónicos desearon al público un "Prosit Neujahr", o sea, Feliz Año Nuevo, antes de tocar "El Danubio azul", el vals más conocido del mundo, obra de Johann Strauss hijo, y que no puede faltar el 1 de enero en Austria.

Y, para rematar el concierto, el himno oficial para arrancar con energía cada nuevo año desde Viena: la Marcha Radetzky. La obra, compuesta por Johann Strauss en 1848, fue la única pieza del patriarca de los Strauss que se escuchó hoy en la Sala Dorada. La que sonó hoy tuvo mucho significado, político e histórico. La marcha que lleva sonando (menos en 2005, en respeto a las víctimas del tsunami en Asia) en el Concierto de Año Nuevo desde 1946 no es la original, sino una partitura con los arreglos que introdujo en 1914 el austríaco Leopold Weninger. Este compositor se afilió luego al partido nazi y realizó numerosas obras para ensalzar su ideario antisemita y xenófobo.

La Filarmónica, que hasta 2013 no hizo memoria histórica sobre sus vínculos con el nazismo, ha querido ahora presentar una nueva versión, limpia de esos arreglos, argumentando que, con los años, la partitura de Weninger ya se había ido modificando. El resultado ha sido una marcha menos marcial, más festiva, en la que el propio Nelsons se encargó de atemperar por momentos las tradicionales palmas con el que público la acompaña. 

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