La ministra de Igualdad, Bibiana Aído
La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, durante su comparecencia, por primera vez en el Congreso (EFE/Bernardo Rodríguez) EFE/Bernardo Rodríguez

Bibiana Aído, ministra de Igualdad, la más joven en la historia de España, se estrenó con una polémica lingüística que aún colea.

En una entrevista con el diario El País reconoce que aquello de "miembros y miembras" fue un lapsus y que ya no quiere hablar más de ello.

La igualdad es algo muy serio. Hay que tomar este ministerio con gran seriedad

Pero la polémica la persigue. Ayer mismo, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, se mostró "encantada" con el debate suscitado en distintos foros sobre el "valor" de la lengua gracias a la intervención en el Congreso de los Diputados de la ministra de Igualdad.

"Viva el debate", subrayó la directora del Cervantes, quien consideró que "sólo no cambian las lenguas que están muertas". Caffarel dijo además Aído ya reconoció que su intervención inicial fue "un error" y pidió que el debate fuese "más allá de la anécdota de una palabra".

Y ahí es donde quiere llegar Aído. En la entrevista con El País, la ministra reafirma su intención de "trabajar sobre una nueva masculinidad" que fomente la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. El actual modelo descansa, en opinión de Aído, "en un sistema patriarcal".

Responde a Guerra

La parte más polémica de la entrevista es en la que responde a las declaraciones de Alfonso Guerra. El ex vicepresidente del Gobierno afirmó la semana pasada: "Que una mujer diga 'soy maltratada' y todo el mundo se ponga de rodillas, pues no". Aído responde con mesura: "Ante una maltratada no hay que arrodillarse, sino estar a su lado".

Frente a aquellos que ponen en duda la necesidad de un Ministerio de la Igualdad, la joven ministra se defiende con gran entusiasmo: "La igualdad es algo muy serio. Hay que tomar este ministerio con gran seriedad".

Y aunque a lo largo de la entrevista no es capaz de concretar muchos detalles, Aído sí que apunta otros objetivos: garantizar la seguridad jurídica de las mujeres que abortan, luchar contra la prostitución ("que denigra hasta el último extremo a la mujer") y seguir trabajando contra la violencia de género.