El estado de alerta y la avalancha de mensajes que provocaba este miércoles las noticias sobre su estado de salud da buena muestra del importante papel que jugó en la política española de las últimas décadas Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951). Este viernes, el hombre de quien se decía que  tenía el Estado en la cabeza fallecía al no poder superar las secuelas del ictus que sufrió hace dos días.

Rubalcaba lo fue todo en el PSOE y casi todo en la política española. Vicepresidente y portavoz del Gobierno;  ministro del Interior, de Educación y hasta de Defensa; secretario general del PSOE y portavoz socialista del Congreso. Sólo se le escapó la presidencia del Gobierno. Hizo un único intento, en 2011, cuando, a la tercera, Mariano Rajoy, consiguió su primera victoria electoral.

Poco después, en una sesión de control del Gobierno en el Congreso, Rajoy le tendió una trampa dialéctica. Intentó desquitarse de las acusaciones del PSOE sobre la trama Gürtel con una frase que resultó ser de Rubalcaba. Por los pasillos, el equipo de Rajoy se alegraba de que el socialista llevaba tanto tiempo en política que siempre había hemeroteca referida a él. Este miércoles, tras conocerse su grave estado de salud, Rajoy fue una de las muchas personalidades políticas que en público y en privado mostró su preocupación por el exministro de Interior a quien se considera hacedor de uno de los grandes hitos de la democracia, el final de ETA.

Alumno del prestigioso Colegio del Pilar y profesor universitario de Ciencias Químicas, Rubalcaba llegó al Gobierno tras la primera victoria de Felipe González en 1982. Empezó desempeñando varios puestos relacionados con Educación y en 1986 fue nombrado secretario de Estado del ramo. En 1992, ministro de Educación y Ciencia. Tras las elecciones de 1993, González le nombró ministro de la Presidencia y portavoz, un cargo que le convirtió en una de las voces del PSOE y del Gobierno que una y otra vez negó cualquier relación del presidente con los GAL.

Cuando el PSOE perdió el gobierno por primera vez, en 1996, Rubalcaba pasó a ser diputado del Congreso y ese año entró en la Ejecutiva del partido. En esta época empieza la tarea que como ministro del Interior le dio una de sus grandes satisfacciones políticas, el anuncio de "cese definitivo" de ETA el 20 de octubre de 2011. Doce años antes, fue el nexo socialista cuando el Gobierno de José María Aznar también intentó una negociación con la banda terrorista a raíz de la tregua de 1999.

Continuó siendo diputado hasta que en 2004, Rodríguez Zapatero lo recuperó para la primera línea, primero como portavoz del PSOE en el Congreso. En 2006 regresó al Gobierno como ministro de Interior e incluso asumió la cartera de Defensa durante la baja de maternidad de su titular, Carme Chacón, a la que unió una relación de admiración y rivalidad dentro del PSOE. Él terminó alzándose como secretario general y la catalana no lo consiguió.

En las dos legislaturas de Zapatero, Rubalcaba siguió acumulando carteras. En 2010 añadió a Interior los cargos de vicepresidente primero y de portavoz. Cuando el expresidente socialista dejó de serlo y también de liderar el PSOE, Rubalcaba se convirtió en secretario general en un congreso que ganó por 22 votos a Chacón. Él encarnaba la tradición del partido frente a la renovación que representaba la exministra de Defensa, cuyo fallecimiento en 2017, a los 46 años, también convulsionó al PSOE y a clase política española.

Tras el ictus también se interesó por su estado el rey Felipe, de cuya subida al trono en junio de 2014 también fue en buena medida responsable Rubalcaba. Él fue uno de los pocos elegidos para organizar, con discreción y rapidez, la abdicación de Juan Carlos I en su hijo, hoy Felipe VI.

Carácter

En una entrevista de hace años, Rubalcaba afirmó que "alguien me achacó que soy un tipo oscuro". A esta imagen quizá ayudaron advertencias como la de "veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices" que el diputado del PP Carlos Floriano aseguró que le espetó en los pasillos del Congreso. Por supuesto, también le tenía tomada la medida a la prensa, que inevitablemente siguió sus pasos durante años en cada cargo que ocupó. A los informadores les daba a elegir si querían que hiciera declaraciones "en 20, 30 o 40 segundos" de duración.

También se le tenía por inteligente, taimado y capaz de controlar todos los elementos a su alrededor. Apenas un par de horas antes de su fallecimiento este viernes, la actual portavoz del Gobierno, Isabel Celáa, se refería a él como "una persona sona excepcional" y decía que había "poca gente tan rápida, tan veloz de mente" y en "todo". Él solía recordar cómo en 1975 " estuvo a punto de batir el record de los 100 metros lisos", dijo Celáa visiblemente emocionada.

La conmoción en la que su ictus y fallecimiento ha dejado a sus compañeros del PSOE de todo perfil dejan clara su innegable huella en un partido que lideró entre 2012 y 2014, antes de la guerra que desataron los procesos internos de elección posteriores. Bajo su batuta, el PSOE celebró aquellas primarias de 2014 que ganó por primera vez Pedro Sánchez. Fue el comienzo de la historia política del hoy presidente del Gobierno en funciones y el inicio de la retirada de Rubalcaba. No se le contó en la nómina de entusiastas pedristas pero, a diferencia de otros socialistas históricos, optó por la discreción. Las primeras palabras públicas de Sánchez tras conocer que había sufrido un ictus fueron para desear verle de nuevo "activo, haciendo política y siendo una inspiración para todos".

Hace cinco años, Rubalcaba dejó la política para recuperar su plaza de Química Orgánica en la Universidad Complutense, de Madrid. Llevaba décadas sin dar clase y los primeros meses fueron tiempos de reciclaje antes de meterse en un laboratorio con los alumnos. Se alejó a conciencia de los focos, aunque conservaba una innegable influencia que no renunciaba en ejercer. Su fallecimiento este viernes lo devolvió a primera plana de la manera más lamentable.