Gritar daño
Pax Dettoni, creadora del programa, junto a varios maestros que se están preparando empleando técnicas teatrales para formar a otros docentes. ELENA BUENAVISTA

Ser maestro tiene un poco, tal vez incluso un mucho, de ser actor. Hay que ganarse a los alumnos, tener ciertas tablas para hacer llegar al público que tienes delante, a veces inoportunamente participativo y otras todo lo contrario, lo que quieres transmitir, lo que necesitan aprender.

Los veinte maestros (tres hombres y diecisiete mujeres) que acuden semanalmente al Centro Territorial de Innovación y Formación (CTIF) de Madrid-Sur tienen de actores algo más que el profesor medio. Llevan todo el curso acudiendo allí a formarse con la Asociación Teatro de Conciencia en el programa de convivencia escolar En sus zapatos, cuyo objetivo concreto es frenar el acoso escolar, pero también mejorar el clima de los centros. Desarrollar una "empatía activa" es la clave, que trabaja empleando técnicas teatrales.

El programa, impulsado por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, apuesta por la gestión emocional, la empatía activa y la resolución positiva de conflictos.  Esos son sus tres ejes. Y lo hace involucrando las cuatro patas del banco de la comunidad educativa: maestros, familias, alumnos y personal no docente de los centros.

La sesión de formación comienza, dirigida en cada ocasión por un docente distinto, explicando cómo se sienten para luego, en círculo, calentar el cuerpo y la voz. Se dan palmadas, gesticulan y se escuchan risas; aprender a cualquier edad, para que los conocimientos calen, deber ser una experiencia gozosa claman los expertos en neuroaprendizaje.   

A continuación cuatro de ellos escenifican una pequeña obra, muy breve, que representa una situación que puede perfectamente darse en un claustro: la organización de una excursión que hace que salten chispas entre colegas. Cómo evitarlo, cómo solucionarlo, domina el debate posterior.  Un debate en el que todos se están poniendo en los zapatos de los protagonistas: la maestra con una situación personal difícil que no puede ir un viernes, el voluntarioso profesor que insiste en ir por el bien de los chavales y tres secundarios con distintos alineamientos.

No solo hay que aprender a ser empáticos con los niños, también con los compañeros del centro y las familias.

Además de esas representaciones, hay otras en las que, con capas y máscaras, se pone cuerpo a las distintas emociones que nos dominan, positivas y negativas, y a las que hay que aprender a conocer y dominar.

Hay otro grupo de trece maestros que está haciendo lo mismo desde el CTIF Este. Treinta y tres docentes en total, entre los que hay orientadores, directores de centro, jefes de estudios y maestros de distintos niveles. El curso próximo estarán capacitados como facilitadores que enseñarán a todos los centros madrileños que lo soliciten, mediante un seminario o un plan de formación, el programa En Sus Zapatos de Educación Emocional para la convivencia escolar.

Los organizadores calculan alcanzar con este proyecto  a unos 500 profesores, familias y personal no docente de 30 centros escolares y a unos 1.500 alumnos.

"Me sigo cabreando, pero ahora no grito"

"Yo gritaba muchísimo. Ahora esas ganas de gritar no se dan porque he tenido un cambio de mirada. El primer mes tal vez tenía que poner mucha voluntad, pero ahora ya lo he automatizado. Me sigo cabreando claro que sí; somos humanos. Esta semana me enfadé muchísimo y paré de dar clase. Pero cuando te enfadas, les explicas las cosas y les pides que se pongan en tu lugar, los niños lo entienden. Y si los niños te entienden, tú les entiendes a ellos. Yo parto de la base de que los niños son buenos", explica Paula Romero, jefa de estudios, maestra de Infantil y profesora de Matemáticas en Primaria del CEIP La Alhondiga de Getafe.

Paula, una de las maestras que se está formando con el programa En sus zapatos, confiesa que no tenía experiencia con el teatro, lo que llamó su atención cuando recibió el boletín con todos los cursos de formación fue la educación emocional. Ahora reconoce el valor de teatralizar emociones: "es alucinante el poder que tiene el teatro para ejemplificar lo que no se puede ver de forma abstracta".

Reconoce, no obstante, que hay niños a los que interpretar (porque a ellos también les va a tocar ejercer de actores para ponerse en zapatos ajenos) les puede suponer un esfuerzo y "haya que ejercer un poco de zapador con algunos", pero también que "un niño que siente vergüenza es una situación que se puede teatralizar para superarla. Este es el niño, que no quiere salir, y detrás tiene el miedo. Un niño puede teatralizar cualquier aspecto de su propia vida. Y vencer, porque el teatro siempre acaba bien".

"En la formación del profesorado en España falta gestión de la disciplina en el aula"

Raquel Medina trabaja en el instituto público Príncipe Don Felipe de Boadilla del Monte y sí que tenía experiencia con el teatro, aunque hacía muchos años que lo tenía aparcado: "había estado seis años trabajando como profesora en EE UU, acababa de llegar y al verlo en un correo me dije que estaba hecho para mí. Me apunté el último día y ha sido un acierto".

Entre sus colegas ya está notando interés: "cuando hablas un poquito de esto, la gente dice "cuéntame más".  Hay voluntad de mejorar el clima en el aula pero no tenemos las herramientas. Precisamente es lo que falta en la formación del profesorado en España. La gente no tiene recursos. Tú has estudiado Matemáticas, te metes en una clase de la ESO y te encuentras con 28 chavales de 14 años con todas las hormonas que nadie te ha enseñado a manejar. Vas aprendiendo de la experiencia, de los compañeros, pero el camino es muy árido".

Aunque no será hasta el próximo curso cuando el programa se aplique íntegro en los centros, esta profesora ya está poniendo en práctica con éxito algunas pinceladas con sus alumnos. "En contenido en valores con Segundo de la ESO les expliqué lo que es el secuestro emocional y lo entendieron perfectamente. "Es verdad, yo tuve ayer uno cuando mi madre me dijo que dejara la 'play'", me decían".

"Les preguntas cómo se sienten y qué necesitan y les desmontas"

Carolina Santiago es orientadora en un instituto de Griñón y tutora de primer año de Bachillerato. También está aplicando parte de lo aprendido: "Es transformador. En el momento en el que entras y cambias la dinámica, la clase cambia. Solo el hecho de ponerles en círculos se nota. Hay sobre todo dos cosas que yo hago a partir de En sus zapatos que es escucharles y preguntarles como se sienten y qué necesitan. Se quedan locos. Los desmontas, porque nadie les pregunta eso". 

"Y te lo acaban preguntando a ti", interviene Paula Romero, cuyos alumnos están en Primaria. "A mí llegó un día que uno me preguntó," ¿cómo te sientes?" y no supe qué contestar. Me lo comía. ¿Que cómo estaba? Pues muy contenta porque se interesaba por lo que siento. Eso que ellos sentían cuando les preguntaba me lo hicieron sentir a mí".

Santiago subraya que "los límites son imprescindibles", pero que "hay que evitar la figura del profesor autoritario, que parece que tienes que entrar  a clase y prácticamente se les tiene que cortar la respiración". "Me sirvió mucho una clase con Ana Carpena (maestra especializada en desarrollo de la inteligencia emocional y asesora del programa), es mejor la figura moral que representa una persona que te acompaña", explica, "alguien que es muy coherente, tiene  herramientas muy firmes, dice "mira, te voy a escuchar, te voy a acompañar, pero al final aquí tenemos unas normas que todos tenemos que cumplir". Es eficaz y se acaba viendo".


Por orden de izquierda a derecha, Carolina Santiago, Raquel Medina y Paula Romero (FOTOS: Elena Buenavista).






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