Santiago Abascal
Santiago Abascal, en un acto de Vox. EFE

En las democracias representativas, los partidos acostumbran a acompañar sus nombres con signos que facilitan su identificación: un himno, lemas, un logotipo, tipografías y un color. Estas señas de identidad cobran tal importancia que, por ejemplo, no es raro referirse a una formación política por su color: el partido azul, los naranjas... o la formación morada.

La elección de estos elementos corresponde al partido, pero existen reglas históricas y culturales determinadas por el significado previo de símbolos arraigado en la cultura política del país, a través del que envían mensajes sobre la ideología del partido.

En España, la coloración del espectro político entronca con la tradición francesa que asocia el azul con la derecha (el color del Partido Popular) y el rojo con la izquierda (PSOE) por analogía con la oposición entre la supuesta "sangre azul" de las familias reales y la "sangre roja" del resto de mortales. Una dualidad que no funciona igual en todo el mundo; por ejemplo el partido más cercano a la izquierda política en Estados Unidos (el Demócrata) usa el azul y viceversa.

La irrupción de nuevas fuerzas en España, sin embargo, ha complicado este código de colores. Ciudadanos, por ejemplo, utiliza el naranja, un color con identidad política mucho menos definida y que, según el país, varía entre ser un color asociado a la democracia cristiana (en Argentina) a estar ligado a la socialdemocracia (Suecia).

Podemos, por su parte, se identificó desde su fundación con el morado, un color poco asociado a la izquierda (de hecho, en occidente está muy identificado con la religión católica), pero sí a una de las reivindicaciones que comparte la formación: el movimiento feminista.

Y finalmente está Vox, un partido cercano a la extrema derecha, nacionalista, tradicionalista y euroescéptico, que ha escogido como color identitario un verde claro y vivo. Una elección que sorprende porque la ultraderecha ha escogido históricamente el color de la bandera española (como España 2000 o Democracia Nacional) o el negro y rojo asociado a la Falange... y sin embargo, el verde se identifica con el ecologismo, un movimiento lejano a la línea ideológica de Vox.

La resignificación del color

Enrique A. Fonseca, cofundador de VisualPolitik y responsable de creatividad en la campaña de Mariano Rajoy en 2011, explica a 20minutos que existen tres razones que llevan a una persona a decantarse por un partido: primero, "la necesidad personal", es decir, que el partido sepa conectar con una necesidad insatisfecha del votante, algo que ejemplifica con la campaña de Vox destinada a capitalizar el voto de los padres varones divorciados; en segundo lugar, "el voto útil" o la expectativa de victoria de la formación para que un voto no caiga en saco roto; y por último, "la identidad" construida por el partido y compartida con sus potenciales votantes. Es en esta identidad en la que interviene la estética.

"El color tiene un impacto grande en el hemisferio derecho del cerebro, que es el que gestiona las emociones", apunta la psicóloga emocional Ciara Molina. "Las imágenes generan emociones, las emociones se asocian a procesos químicos, y podemos influir en ellas con los colores". De ahí, dice Molina, que el azul sea seña de identidad de la derecha, al asociarse con "la confianza, la paz, la verdad y la inteligencia", valores a los que estos partidos claramente aluden en su discurso.

La misma intencionalidad radica con el verde de Vox, que coincide con el color elegido por EH Bildu. Los dos partidos, dice Fonseca, usan el verde porque se identifica con "la juventud, la esperanza, la seguridad, y lo tranquilizador"; tipografías redondeadas, sin esquinas, y diseños minimalistas basados en figuras planas y elementos únicamente tipográficos. Diseños que transmiten "paz y amabilidad" y que ayudan a distanciar a sus partidos de la radicalidad ideológica que se les confiere.

Una triple relación conceptual (* Despiece)

De este modo, un partido puede establecer una triple relación conceptual, que une el significante (el color) con conceptos abstractos (paz, calma, vida) y con una idea política. Así, el PSOE liga el color rojo —según Molina connota "fuerza, valor, deseo, actividad"— con la socialdemocracia.

La realidad práctica

Pero hay factores más mundanos que afectan a las decisiones gráficas de un partido. José Gil-Nogués, autor del diseño gráfico de Vox, recuerda que escogió el verde por dos razones. "La primera, por exclusión: el rojo, el azul, el naranja, el morado y el magenta estaban ocupados. La segunda, porque representa con fidelidad los valores del partido: frescura, esperanza y vida".

Fonseca añade factores técnicos, como la facilidad de impresión de determinados colores —razón por la que este experto recuerda que el PP abandonó su breve intento de identificarse con el naranja en 2007— y las determinadas modas en el campo del diseño: actualmente se prefieren colores planos, mientras en otras épocas se empleaban degradados y "brillos".

Ciara Molina, sin embargo, descarta que se pueda atribuir una respuesta emocional universal e infalible al color de un partido. "Las interpretaciones son subjetivas, habrá quien piense que el rojo con la izquierda no entra en conflicto porque promueve el coraje, la pasión, la fuerza... y habrá quien piense que el azul con la derecha sí entra en conflicto porque no representa la paz, o viceversa", zanja esta experta en psicología de las emociones.

"El acceso a la información a través de las redes sociales y la capacidad del votante para contrastar el contenido de fuentes diversas, facilita la elección de una u otra opción política", abunda Gil-Nogués. "Los votantes no son tontos. El partido que sepa mantener una coherencia formal en sus mensajes corporativos, que lo que comunique sea verdad y permanente en el tiempo, tendrá éxito y, finalmente, se reflejará en las urnas".