Andes del baño sagrado
Mujeres hindúes se preparan para participar en un baño sagrado en las aguas del río Hanumante, durante la celebración del Bhaktapur (Nepal). Narendra Shrestha / EFE

Una nepalí de 35 años y sus dos hijos, de 12 y 9, han fallecido como consecuencia del incendio registrado en la cabaña sin ventilación donde estaban recluidos durante el ciclo menstrual, a pesar de que este tipo de marginaciones llevan más de una década prohibidas en Nepal.

Amba Bohara y su familia habían prendido un fuego el martes por la noche para tratar de calentarse en el interior de la choza, construida a base de barro y piedras en el distrito de Bajura. A la mañana siguiente, el suegro de la joven localizó los tres cadáveres, según la Policía.

"Murieron asfixiados porque no había ventilación y habían hecho la sala hermética para combatir el frío", ha explicado el portavoz policial Uddhav Singh Bhat en declaraciones a la Thomson Reuters Foundation. "Sacamos sus cuerpos con las piernas quemadas", ha agregado.

La práctica del 'chhaupadi', según la cual las mujeres y las niñas quedan recluidas en habitáculos habitualmente reservados a animales durante la menstruación, fue ilegalizada en 2010, aunque sigue siendo habitual en regiones remotas del este.

Las familias, temerosas de la supuesta impureza asociada a la regla, temen que compartir techo con las mujeres traiga mala suerte y provoque incluso desastres naturales. Esta exclusión deja a quienes la sufren a merced de todo tipo de riesgos, desde ataques de animales a abusos sexuales.

En 2018, una mujer ya murió asfixiada durante uno de estos periodos, mientras que el año anterior una adolescente perdió la vida al ser mordida por una serpiente. Las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos han emplazado a las autoridades a endurecer la vigilancia sobre esta práctica, castigada con tres años de cárcel y multas de 3.000 rupias (unos 23 euros).

Un portavoz del Ministerio de Mujer e Infancia, Rudra Devi Sharma, ha defendido que "el Gobierno ha puesto en marcha programas de concienciación para erradicar la práctica", pero ha admitido que "llevará tiempo porque es necesario que la sociedad y las familias cambien".