José Antonio Herce
José Antonio Herce, en las II jornadas de Pensiones en el Congreso organizadas por la asociación de exparlamentarios, Ibercaja y Funcas. Η. Μ. G.

Al hablar del futuro de las pensiones, al echar cuentas, olvidamos imaginar la sociedad del futuro. Más envejecida -de ahí la elevación en la edad de retiro o el fomento de la jubilación activa- pero también socialmente distinta y tecnológicamente más avanzada. ¿Qué tipo de trabajo desarrollaremos los humanos? ¿Cómo se remunerará el empleo, qué formación requerirá y qué pensión nos corresponderá?

"Las titulaciones no van a servir para nada en el futuro digital, sólo el brillo en los ojos que tengan las personas", augura José Antonio Herce, doctor en Economía y director asociado de AFI, durante la segunda jornada 'Las pensiones de hoy, las pensiones del futuro' organizada en el Congreso por la asociación de exparlamentarios junto a Funcas e Ibercaja. Herce es optimista en el futuro del empleo. Ve a los riders de Deliveroo son los "heraldos de algo fantástico". Y no teme la robotización de la fuerza laboral porque, según explica a 20minutos, "necesitamos más robots, no menos".

Hay consultoras que alertan de que la digitalización se quedará el 45% de las labores. ¿Eso no da para temer a los robots?
Niego la mayor. Algunos estudios académicos publicados en 2013 tuvieron muchísima repercusión y se interpretaron muy pesimistamente, decían que los robots nos iban a quitar los empleos. Pero llevamos 50 años conviviendo ya con ellos, incluso con algunos contemporáneos dotados de inteligencia artificial. ¿Y qué ha pasado en los países que los han utilizado de forma más intensa? Las consecuencias sólo han sido buenas.

¿Pero no quitan empleos humanos?
No. Por cada dos puestos de trabajo que quitan, se crean cinco de mejor calidad. La robotización es buena. Y lo que viene es más interesante. Obviamente también es desconocido. No cabe pensar que los robots nos van a quitar el empleo, como tampoco nos los quitaron los robots de la generación anterior.

Pero mucha gente sí perderá su puesto de trabajo...
¡Claro! ¡Y en buena hora!

Explíqueme eso.
En buena hora, porque la mayoría son malos empleos. El trabajo académico de los últimos tres años en este sentido es más interesante y más optimista que el de las grandes consultoras. Lo que pasa es que es cierto que hay preparar la escuela, hay que preparar la formación, los hogares, las empresas, para la adopción entusiasta de los robots. ¡Necesitamos más robots, no menos!

Así pintado, parece que nos espera un mundo feliz.
Un mundo feliz, no. Hay que esforzarse, hay que hacer los deberes para que no nos pille el toro y no perdamos esta oleada de cambio estructural y disruptivo en la historia de la humanidad. Esto solo ha pasado tres veces: en la revolución neolítica hace diez mil años, en la gran revolución industrial hace doscientos años y en este momento, en la revolución digital. Estamos viviéndola, nos está haciendo daño todos los días, de una u otra manera. Tenemos que enterarnos de lo que está pasando.

Habrá quién prefiera que el robot hago su trabajo para disfrutar más del ocio, ¿no?
Cuidado con eso. El ocio hay que financiarlo. Si tú no eres el dueño del robot, el propietario no va a permitir que le expropien su renta para dársela a otro.

Intuyo que eso va en contra de una renta básica que compense al trabajador la pérdida de su empleo.
Exacto. Yo no creo en ella.

¿No le gusta?
No, porque depaupera a la inmensa mayoría de la gente. Necesitamos gente activa que se forme, que se reforme, que se entrene y que aprenda a hacer cosas diferentes a lo largo de su vida laboral. Gente que siga produciendo el pan con el que va a pagar su ocio, tanto el que disfrute cuando está trabajando, como el que disfrute cuando se jubile.

Hablando de jubilación... ¿cuándo nos jubilaremos en ese futuro?
Yo estoy convencido de que los trabajos del futuro van a ser tan buenos y tan remuneradores que nadie va a querer jubilarse y tendremos que abolir el sistema de pensiones.

O sea, que ni los robots van a tener que cotizar con nosotros.
O sí, con permiso de los dueños. Pero no se van a dejar. Así que tendremos que sacar los recursos de vidas laborales más largas, actualizando la edad de jubilación con la esperanza de vida. No digo que todos deban jubilarse a los 75 años ya seas minero, profesor de secundaria o directivo de una compañía. No, hay que respetar la onerosidad de los trabajos. Hay trabajos duros.

¿Entonces?
Lo que hay que hacer es sacar a la gente de las minas, sacar a la gente de las escuelas de secundaria o reformar a los alumnos porque los profesores están exhaustos ya, están quemados.

¿Solo trabajaremos en el futuro en aquello que nos motiva?
Claro, es lo que estoy diciendo. Pero para eso hay que prepararse, no se puede elegir un trabajo como se eligen las cerezas en un árbol.

¿Y en qué nos formaremos?
En cosas que ni siquiera hoy se están enseñando. Cosas que tengan que ver con la inteligencia artificial. No creamos que será cosa de ingenieros, la inteligencia artificial lo impregnará todo, hasta los contables y los trabajadores manuales van a tener que ponerse al día en ello. Además de las cuatro reglas -sumar, restar, dividir y multiplicar- y el latín, que sería muy bueno que los siguiéramos explicando, habrá que explicar alfabetización digital, económica y financiera. Pero eso ahora no existe en nuestras universidades, donde estamos ahora explicando cosas del pasado.

¿Y a quién le conviene este pesimismo hacia los robots? ¿quién lo fomenta?
No creo que haya un complot o una mano negra. Lo que hay es ignorancia, más o menos deliberada, y mucha simplicidad a la hora de analizar los problemas. Puede que esté fomentada por sujetos que prefieran que la política y la sociedad se orienten hacia sistemas más populistas y no hacia otros más inteligentes, más participativos y, en el fondo, más ciudadanos.