Refugiados
María Jesús, Naveed y Patxi, en casa del matrimonio en la localidad madrileña de Aranjuez. ENRIQUE CIDONCHA

El pasado 19 de junio, Naveed se encontraba a pocos días de mudarse con María Jesús Vals y Patxi Iriondo. Este matrimonio de Aranjuez se había ofrecido a acoger al joven pakistaní, al que Patxi había conocido tras su paso como voluntario por el campo de refugiados de Pikpa, en Grecia. Un año después, Naveed tiene trabajo, se ha independizado y se esfuerza por sacar adelante unos estudios que le permitan prosperar, pero sigue sin tener concedido el asilo. "Va a hacer dos años que lo pidió y es fácil que no se lo den porque no se considera que Pakistán esté en guerra", apunta María Jesús con preocupación.

Para este chico de 20 años dejar su tierra fue la única manera de huir de una muerte casi segura a manos de grupos que intentan arrebatarle a su familia todo lo que tiene. Y en la dura travesía hasta Europa, perdió cuatro dedos de la mano derecha. Si bien en su país no hay un conflicto armado, su consideración de refugiado sería una cuestión humanitaria.

Naveed no ha decidido qué hará si no obtiene la protección internacional. "Lo pensaré entonces", afirma en un español que ha mejorado considerablemente. Ese mayor dominio del idioma le hace sentirse mejor porque ahora, explica, puede expresar cosas que antes no.

Mientras recibe una respuesta de la administración, su  integración avanza. Trabaja a jornada completa en el centro de acogida que la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) tiene en Getafe, el mismo en el que él estuvo durante su primer año en España, y tras residir nueve meses con Patxi y María Jesús, en marzo se trasladó a una habitación alquilada en Parla.

"Le animamos a independizarse porque llegó un momento en el que nos parecía que se había estancado, que no tenía más relaciones y que necesitaba abrirse", cuenta Patxi. "Ese proceso lo hemos vivido igual que con nuestras dos hijas, el ver que ya estaban preparadas para salir de casa", agrega su mujer.

Los problemas con los estudios

Ya no viven juntos, pero el vínculo se mantiene. "No es un hijo pero se genera una unión muy especial. Ha sido un proceso muy natural. Cuando decidimos acogerle nos planteamos que podía salir bien o mal, como cualquier cosa en la vida. Y hemos tenido suerte", coincide esta pareja de profesores, que solo pone un pero a la hora de hacer balance:las dificultades de este adolescente para afrontar los estudios.

"Creo que a nosotros nos ha costado entender la importancia que tiene para él trabajar, ganar dinero y enviárselo a los suyos. Para nosotros debe prepararse para aspirar a un empleo mejor. Ahí creo que no nos hemos entendido", reconoce María Jesús. El joven se ríe y admite: "Dejé el colegio en séptimo curso y me fui a trabajar. Volver a estudiar después de cinco o seis años es muy difícil. Además en otro idioma".

Esas tensiones no han impedido que para este chico sus padres de acogida sean un gran apoyo a todos los niveles. Asegura que desde que se mudó a Aranjuez no va al psicólogo porque es a ellos a quienes recurre. Dormir bien sin embargo es algo que aún no ha conseguido. Las situaciones dramáticas vividas siguen perturbándole el sueño en forma de pesadillas.

Los 629 del Aquarius

Naveed, María Jesús y Patxi repasan su convivencia  con la mirada puesta en Valencia, a donde este domingo llegaron los 629 inmigrantes rescatados por el Aquarius. Algunos podrían recalar en el centro en el que Naveed trabaja: "Les ayudaría en lo que pudiera. Les puedo contar que yo ya estoy trabajando, he hecho amigos, que estoy contento, y que ellos también lo pueden lograr. No es cosa de un mes o dos, pero poco a poco".

"Hay gente dispuesta a acoger a esas personas pero el proceso tiene que ser más paulatino. El choque cultural es muy grande, la convivencia no es sencilla y vienen con problemas muy gordos. Meterlos de repente en casa puede ser complicado. Es más probable que salga bien si el proceso es gradual", explica María Jesús.

Por eso, como hacen las organizaciones, aconseja que en una primera etapa los inmigrantes recién llegados queden bajo la tutela de instituciones especializadas. Así lo hicieron ellos, en una coordinación entre ONG y particulares para la integración de un solicitante de asilo que CEAR calificó de "ejemplar".