Madre de Naiara
Mariela Alejandra Benítez, madre de Naiara. EFE

Mariela Alejandra Benítez, madre de Naiara, la niña de 8 años asesinada en Sabiñánigo (Huesca) tras sufrir una brutal paliza a manos de su tío político, asegura que casi siete meses después de la tragedia, gente que no la conoce la continúa "juzgando por lo que sabía o no sabía".

En una entrevista, Mariela señala que en este tiempo no sólo no ha dejado de recibir amenazas a través de las redes sociales, sino que se siente "mirada de malas maneras" por sus vecinos cada vez que sale a comprar, una situación a la que le cuesta acostumbrarse a la hora de tratar de recomponer su vida.

"Estoy siendo juzgada -subraya- por gente que no conozco y que no sabe quién soy realmente y la vida que llevo, incluso con amenazas de muerte de personas que en las redes me dicen que en media hora se presentarán en mi casa para pegarme o matarme".

Admite que tras el crimen le costaba salir a la calle en Sabiñánigo por "miedo" a estas amenazas, aunque con el transcurso del tiempo, añade a renglón seguido, trata "de obviar las miradas de la gente y los comentarios que hacen".

Mariela, que ha conseguido un trabajo en un centro invernal del Pirineo, asegura estar centrada ahora en el cuidado de los tres hijos que conviven con ella y su marido, un hermano del presunto asesino de Naiara que, añade, "no encuentra trabajo desde que ocurrió todo".

Lamenta, por otra parte, la proliferación de informaciones sobre Naiara que, en su opinión, se sustentan en datos inventados con los que "hicieron una película" no ajustada a la realidad.

Destaca a este respecto que la niña pasó "muy pocos días" en la casa donde vivía su abuelastra y su tío político, Iván P.P., con dos sobrinas menores de edad hijas de una hermana del presunto homicida.

Según afirma, "la niña llevaba pocos días en casa de la abuela, a la que fue para estudiar, porque no sabía inglés, y era difícil saber lo que podía estar o no pasando".

Desde un tiempo antes de enviar a la niña a la casa de la abuelastra, Mariela trabajaba como interna en un hotel de Bielsa, en el Pirineo, del que bajaba ocasionalmente a Sabiñánigo para estar con su familia.

En los días previos al homicidio, destaca Mariela, cada vez que regresaba a Sabiñánigo para pasar el día "íbamos al río, la niña no me decía nada ni le vi signos de que estuviera siendo maltratada".

También alude a la reiterada aparición en los medios de una supuesta fractura sufrida por la niña en una de sus piernas debido a presuntos malos tratos no denunciados.

Precisa a este respecto que el golpe recibido por la niña fue una noche en la que bajaron a bajar la basura y a pasear a su perro, a causa de un coche que realizaba una maniobra en marcha atrás.

"Esto se ha exagerado, porque la niña caminaba bien y al día siguiente fue al colegio sin que se le notara un moratón en la pierna y sin quejarse de dolor".

Mariela asegura sentirse "muy dolida" con la campaña llevada a cabo en su contra por el padre de Naiara, Manuel Briones, nombre que elude citar textualmente y al que responsabiliza de no ocuparse de su hija durante nueve años y de actuar ahora por "venganza y dinero".

"Cuando nos separamos -afirma-, la niña iba a cumplir un año; él se fue a Buenos Aires, y cuando yo le decía si me podía enviar leche, no ya dinero, me decía que la enviara con mis padres".

Admite que un mes antes de ocurrir los hechos, permitió al padre mantener contacto con la niña, aunque las amenazas vertidas "deseándome la muerte" le llevaron a cortar la comunicación.

Insiste en que Briones no se interesó "nunca" por la niña, afirmación que realza mostrando unos Whatsapp en los que éste recomienda "mano dura" con Naiara ante los malos resultados obtenidos en la escuela, o le pregunta a la madre por lo que "necesita" para poder renunciar a la patria potestad de su hija.

El hecho es que el padre de Naiara se ha personado en la causa como acusación particular para, lamenta, "decir que soy una mala madre, a pesar de que él no vio a la niña en nueve años".

"La gente cree ahora que fue un buen padre, pero lo cierto es que no es así, y me da pena y vergüenza que esté aprovechándose de la gente", enfatiza.

Ahora, siete meses después de la tragedia, Mariela quiere rehacer su vida con sus tres hijos (un cuarto vive en Argentina con su abuela), y subraya que si realmente fuera una "mala madre", como le reprochan en las redes o se sugiere desde diversos medios, ya se "los hubieran quitado".