El retrato del Papa Francisco realizado por la monja y pintora española Isabel Guerra ha llegado este viernes 15 de abril a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), que se lo encargó con motivo del 50 aniversario de la institución que reúne a todos los obispos de España.

La pintura refleja la "extraordinaria personalidad" del Papa Francisco, según afirma Guerra, que ha necesitado ver y estar con el Pontífice para estudiar su fisonomía y sus gestos con detalle.

El cuadro se ha colocado junto a otros retratos de presidentes de la CEE, algunos de ellos también realizados por la monja pintora, en la antesala de la Asamblea Plenaria, según informa la agencia SIC de la Conferencia Episcopal.

Isabel Guerra, del Monasterio Cisterciense de Santa Lucía de Zaragoza, ha tomado decenas de fotografías durante sus encuentros con el Papa en el Vaticano para pintar un retrato lo más realista posible. En una entrevista con Europa Press, explicó que lo único que le había pedido el Pontífice durante las sesiones es que no le hiciera "posar".

Para la pintora era importante conocer al Papa en persona porque no es lo mismo verlo por la televisión o en los periódicos que estar con él, "ver sus ojos de cerca" o estrechar sus manos. "Te quedas con la impronta de su personalidad", enfatiza la religiosa.

Guerra tenía claro que lo que quería reflejar de Francisco era su sonrisa "afable". "He podido observar que hay muchos momentos en que su expresión es muy amable, muy dulce, muy natural", explica. Y aunque reconoce que el Papa estaba "riéndose todo el tiempo", también precisa que cuando hablaban de un tema serio, cambiaba inmediatamente su expresión.

También buscaba plasmar en el cuadro el hombre "humano" que es, "cercano, interesado por las personas, verdaderamente amable", que "tampoco se deja llevar por el buenismo" sino que "hace y dice lo que tiene que hacer y decir con toda naturalidad".

Isabel Guerra nació en Madrid en 1947. Realizó su primera exposición individual a los 15 años y tras participar en certámenes donde obtuvo numerosos galardones, se trasladó a Zaragoza en 1970. Desde esta ciudad, continuó su vida profesional como pintora.

Sus trabajos abarcan óleo, técnica mixta, dibujo, obra gráfica y fotografía. Su obra está representada en museos e importantes colecciones, así como en templos y catedrales. Es Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y Académica Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

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