Zulo de ETA
Imagen de un zulo de ETA. ARCHIVO

ETA quiere dar un paso más en su camino hacia el desarme, pero solo hacia el del desarme, no al de la disolución. La dirección de la banda ha decidido, según fuentes antiterroristas consultadas, entregar entre siete y diez zulos ocultos en Francia en los que esconde armas y explosivos. La organización terrorista, que lleva ya dos años alejada de la violencia, estudia ahora cuándo hacerlo. La agencia Efe informó hace unos días que ETA entregaría parte de sus armas antes de Navidad, pero la cúpula de la banda, muy reducida, aún no ha tomado esta decisión, según las mismas fuentes.

Sin embargo, la decisión de ETA aún plantea problemas y alguna trampa. ¿A quién va a entregar los zulos?, ¿y qué zulos va a entregar? La Comisión Internacional de Verificación (CIV), que dirige Ram Manikkalingam, y que llevaba dos años realizando labores de mediación con ETA y que había amenazado a la banda con dejar de hacer estas funciones en septiembre si banda no daba más pasos importantes, ha decidido seguir hablando con los interlocutores etarras. Pero esta comisión no quiere ser quién reciba las armas. Tampoco lo quiere ETA, que siempre ha insistido que en el tema del desarme debe haber una negociación directa con el Gobierno español. Este es el primer escollo.

Los servicios antiterroristas consultados creen que ETA va a entregar unos zulos que ya no sirven al aparato logístico de la banda, unificado a al aparato militar tras el anuncio de cese de la violencia. En mayo de este año, la Guardia Civil daba un golpe durísimo a la estructura logística de ETA. Entonces era detenidos seis etarras en Francia, que formaban tres 'taldes' (grupos) de dos, que desempeñaban funciones básicas en la clandestinidad de los pocos miembros de la banda que aún se ocultan en Francia. Un 'talde' se encargaba de la falsificación de documentos, otro del robo de coches y el tercero de los zulos.

Zulos ya quemados

Todavía están huidos dos etarras que controlan los zulos, lugartenientes de los detenidos en mayo Con el arresto de los responsables de los zulos (Raúl Aduna, 32 años; y Antonio Goicoechea, 42 años) cayó en poder de la Guardia Civil importante documentación sobre los escondites de armas de ETA. Estos zulos, ya 'quemados' para la banda, son los que la cúpula quiere entregar, según las mismas fuentes. No tienen ya ningún valor para ETA. La Guardia Civil ha explicado a 20minutos que estos dos detenidos tenían lugartenientes (otro segundo 'talde' de zulos compuesto por otros dos etarras) que también controlaban el arsenal etarra.

No pueden acercarse a los zulos por temor a que la Benemérita los tenga controlados, tras la detención de Aduna y Goicoechea. Las unidades antiterroristas controlan discretamente las 24 horas los zulos descubiertos tras una operación. No los levantan, como señuelo para practicar nuevos arrestos entre los activistas que se acerquen a ellos. ETA lo sabe y da por perdidos estos zulos. Una perdida en su capacidad operativa que puede utilizar como gesto de desarme.

¿Riesgo de escisión?

No obstante, la palabra prudencia está en todos los ámbitos de la lucha antiterrorista. La Fiscalía General del Estado habló hace unos días del riesgo de escisión dentro de la banda, debido a que el cese de la violencia solo fue fruto "de una reflexión interna de un reducido núcleo de dirigentes y militantes cualificados con muchos años de clandestinidad a sus espaldas". La debilidad operativa de ETA y lo vulnerables que eran sus canales de información internos, hicieron que la cúpula no realizara un proceso asambleario con todos sus militantes, "como requería una decisión tan importante".

Hay una minoría dentro de ETA contraria al fin de la violencia Aunque el fin de la violencia "está asentada y asumida por la gran mayoría de los militantes de ETA", la falta de ese debate interno ha generado serias contradicciones y críticas entre una minoría de activistas, unos por el mero hecho de no ser consultados, y otros porque están en contra de la decisión tomada. La posición "más intransigente" la mantienen "algunos cualificados dirigentes de ETA actualmente encarcelados en Francia, entre los que se encuentran los últimos jefes del aparato militar", señala la Fiscalía.

Queda por confirmar si el riesgo de escisión es real o solo es una especie de chantaje lanzado desde ETA para forzar una negociación con el Gobierno que no acaba de concretarse. Lo que es cierto es que muchos agentes destinados a la lucha antiterrorista (tanto en la Guardia Civil y la Policía Nacional) están ya buscando destino en otros servicios, sobre todo en las unidades de lucha contra el crimen organizado, un síntoma de que el final de ETA puede estar cerca. De todas formas, no se baja la guardia, recalcan desde el ministerio del Interior, donde recuerdan que hay un treintena de operaciones contra ETA aún abiertas.