Robert Kubica
Robert Kubica, piloto de Williams. RoKIT Williams Racing

Una de las grandes novedades de la temporada 2019 de Fórmula 1 será el regreso de Robert Kubica. El piloto polaco es uno de los más queridos en el paddock y, tras una transición como probador de Williams, da el salto al primer equipo para volver a ser miembro de primer orden del Gran Circo.

La suya es una historia de superación de manual. El accidente que sufrió en un rally en Italia a principios de 2011 le dejó serias secuelas en la mano derecha, que tiene un severo grado de disfuncionalidad. A base de tesón, varias operaciones y un severo programa de recuperación, Kubica no se separó del automovilismo, pasando por el Mundial de Rallies antes de volver a la Fórmula 1.

Con la ayuda de Nico Rosberg como asesor, Kubica empezó a llamar a puertas de las distintas hasta que finalmente las circunstancias de Williams (dos pilotos de un nivel muy bajo y un año desastroso que les dejó últimos del Mundial) le ha abierto las puertas.

Ahora queda por ver si su estado físico le permite competir de tú a tú con el resto de rivales. Kubica, de 34 años, será uno de los veteranos de la parrilla, pero no es su edad la que levanta muchas suspicacias, sino el estado de esa mano. Aunque las pruebas y test previos no han arrojado datos que demuestren que le impide conducir, desde el equipo no ocultan que tiene que pilotar de manera diferente al resto. "Un 30% del pilotaje recae en la mano derecha y el 70 restante en la izquierda", afirman.

La apuesta de Williams por Kubica es muy arriesgada, pero también es una demostración de valentía. Pocos equipos, con estos precedentes, se arriesgarían a poner en las maltrechas manos de un piloto con una dificultad física su futuro. Ahora le toca a Kubica demostrar que esa 'garra' derecha no es más que una anécdota.