El vía crucis del Real Madrid continuó ayer en Vallecas, donde perdió ante el equipo que llegaba al partido como colista de la competición sin ser capaz ni siquiera de marcar un gol ante el conjunto más goleado de la Liga.

Hasta ocho cambios hizo Zidane con respecto al partido en Getafe, en esa especia de casting que está haciendo el galo para ver quién le vale para la temporada que viene. Visto lo visto en su gira madrileña, son pocos los que tienen pinta de ser validos para el proyecto de la temporada que viene.

El choque comenzó con un intercambio de golpes, con Marcelo buscando el gol primero y Pozo haciendo que Courtois, la gran novedad de Zizou, se luciera con dos paradones. Y fue a los 20 minutos cuando llegó el primer gol, en un penalti por agarrón de Vallejo a Javi Guerra que Embarba no perdonó.

Pese al gol, el Rayo no se echó atrás, al más puro estilo Jémez, y a la contra pudo llegar el empate. La tuvo Bale muy clara, pero se lució Alberto, y Mariano sí acertó, aunque en fuera de juego y su tanto fue anulado con acierto.

Tras el descanso, lo más llamativo fue la impotencia del Real Madrid, ver cómo las ocasiones más claras eran de los vallecanos, que apretaron para marcar el segundo.

Bale lo intentó desde muy lejos nada más comenzar la segunda parte, pero el resto de aproximaciones peligrosas fueron de los locales. Primero un potente chut de Bebe, luego uno de Embarba.

Zidane tiró de Brahim y de Isco, pero el panorama apenas cambió, dejando en evidencia al centro del campo blanco. Los otrora dominadores Modric e Isco se vieron totalmente superados por la presión de los medios franjirrojos.

Lo peor para el conjunto madridista fueron los minutos finales, la sensación de impotencia de no ser capaces de crear ni una clara ocasión ante un equipo que venía de ser aplastado en Sevilla.

Al Rayo Vallecano la victoria le da esperanza, que no es poco. La salvación está a seis puntos con nueve por disputarse. Cosas más difíciles se han visto en el fútbol...