El Celta salvó la categoría pese a su nefasto partido ante el Rayo Vallecano, el único equipo que compitió en Balaídos aunque no se jugaba nada. Los vigueses, abroncados por su afición en varios momentos del partido, sobrevivieron gracias a las rentas (sólo un cataclismo matemático les hubiera llevado a Segunda) y a la derrota del Girona, que no pudo eludir la última plaza de descenso.

El Rayo se adelantó de penalti a la media hora, por una doble torpeza de Boudebouz, primero por controlar mal y luego por golpear a Advíncula cuando se llevaba el balón para entrar al área. Embarba puso el 0-1 con un lanzamiento ajustado al palo. Minutos más tarde, Mateu Lahoz expulsó al entrenador local, Fran Escribá, por protestar en un piscinazo de Maxi Gómez.

En el 72, Medrán puso el 0-2 con un disparo desde la frontal al que no llegó Rubén, que arrancó pitos aún más fuertes en Balaidos, pese a la salvación del equipo. A diez del final, Mateu Lahoz pitó un penalti inverosímil por una mano claramente involuntaria de Catena, que Iago Aspas transformó en el 1-2. Ya en el descuento, el propio Aspas firmó el empate con un remate sutil en un centro desde la izquierda.