La nacionalización de Lorenzo Brown, un debate abierto más allá de "la xenofobia"

El jugador español Lorenzo Brown, en acción contra Rati Andronikashvili en el Georgia vs España de Eurobasket.
ELorenzo Brown, en el Georgia vs España de Eurobasket.
EFE

Deportivamente, la decisión es incontestable: nacionalizar a Lorenzo Brown ha sido un absoluto acierto. El jugador norteamericano ha sido una figura clave para que España haya ganado el Eurobasket, pero ello no zanja del todo el debate que se generó en torno a su figura.

Brown fue nacionalizado por carta de naturaleza -aprobado por el Consejo de Ministros- unas semanas antes de que comenzara el torneo continental y a pocos días de la lista de Sergio Scariolo. El seleccionador le conocía personalmente de su etapa como asistente en Toronto y sabía perfectamente lo que podía aportar al equipo. No se equivocó ni un ápice el italiano.

Esa nacionalización express con el objetivo de que participara en el Eurobasket abrió un debate con muchas aristas. Lorenzo Brown no había jugado nunca en ningún equipo español ni tenía ningún vinculo con nuestro país, siendo por lo tanto un caso muy distinto al de otras nacionalizaciones como la de Wayne Brabender, Clifford Luyk, Chechu Sibilio, Mike Smith, Lagarto de la Cruz, Johny Rogers o Chuck Kornegay. Tampoco tenía nada que ver con la de otros jugadores como Niko Mirotic o Serge Ibaka, por hablar de las más recientes, pues ambos se habían formado en España. O la de Chechu Biriukov, de madre vizcaína. 

La decisión fue tan polémica que las críticas llegaron incluso desde dentro del equipo. El capitán, Rudy Fernández, no dudo en mostrar su desacuerdo: "No me parece bien. Ya se lo he dicho al presidente de la Federación, Jorge Garbajosa, y como capitán tenía que dar mi opinión. No me parece bien. Me enteré por la prensa de que habían nacionalizado a ese jugador, que no tenía ningún vínculo con el país, y él me lo explicó".

El propio Rudy recordó los casos de Mirotic e Ibaka, muy distintos a su juicio: "Yo tenía la referencia de haber jugado con Nikola Mirotic y con Serge Ibaka. Son jugadores extranjeros, pero se han formado en una cantera de España desde muy pequeños y en ese sentido tenían una vinculación especial con nuestro país".

También la Asociación de Baloncestistas Profesionales mostró su desacuerdo con la nacionalización. "El mensaje que se hace llegar a los jugadores nacionales es muy nocivo y tiene un impacto negativo tanto sobre el presente como sobre el futuro", puso la ABP en un comunicado. 

La grave lesión de Ricky Rubio, MVP del pasado Mundial cuando España se proclamó campeona en 2019, dejaba a La Familia sin una referencia exterior, sin un jugador con los galones suficientes para armar cada jugada, para coger el balón cuando más quemaba. Y Scariolo pensó en Brown.

Acertó el italiano -no hay más que ver los resultados deportivos- y se trataba de una decisión perfectamente legal, pero es lógico que se abriera un debate que todavía no se ha cerrado. Sin embargo, para Scariolo el problema iba más allá de si había o no jugado en España o de si tenía más o menos vinculación con nuestro país. Era un problema de xenofobia.

"El debate ha estado basado en ignorancia, oportunismo o xenofobia", afirmó el seleccionador en El Larguero después de que España sellara su billete para las semifinales.

Se trata de la opinión de Scariolo, respetable, pero no parece que sea en este caso ese el trasfondo de la polémica. Sea como fuere, solo hay una cosa clara: la medalla de oro española no se puede entender sin Lorenzo Brown

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