El barcelonismo se echa en brazos de Joan Laporta para sacar al club del caos institucional y deportivo

Joan Laporta, candidato a la presidencia del Barça.
Joan Laporta, candidato a la presidencia del Barça.
Miquel Taverna

Abogado, político, activista por la independencia catalana... pero sobre todo, el presidente del FC Barcelona que cambió el 'statu quo' del fútbol mundial. Joan Laporta vuelve al Camp Nou para devolver el lustre a un club que está roto por todas partes. Esa, y no otra, ha sido su estrategia de campaña, aderezada con algunas decisiones arriesgadas (pero muy mediáticas) como la de la lona gigante a 200 metros del Bernabéu.

A Laporta no le ha hecho falta hacer grandes promesas de fichajes. De hecho, ni siquiera ha dado un nombre (públicamente) ya que es consciente de que se va a encontrar unas cuentas tirando a casi imposibles de cuadrar. Primero tendrá que devolver el color verde al balance del club y luego ya pensar en refuerzos.

Laporta arrancó la campaña como el gran favorito. Ni Toni Freixa, que fue directivo suyo, ni Víctor Font, los únicos candidatos finales que lograron el mínimo de avales, tuvieron opciones en ningún momento, y así lo afirmaba tanto la sensación generalizada como las encuestas inciales.

En los once años que ha estado fuera, Laporta ha visto el derrumbe definitivo de los hombres que le siguieron. Primero Sandro Rosell, que acabó encarcelado como el reo que más tiempo estuvo en prisión preventiva, y después Josep María Bartomeu, al que Laporta ha señalado en numerosas ocasiones como la presidencia más nefasta de la historia del Barcelona. El 'Barçagate' ha sido el último clavo en su ataúd. El divorcio de los jugadores del primer equipo de fútbol con el ya expresidente era total, toda vez que con Laporta era todo lo contrario. Incluso en plena campaña se intercambiaban mensajes, algo que él mismo no ocultó (aunque sí su contenido).

Los retos de Laporta: el futuro de Messi, el independentismo...

Los retos a los que ahora se enfrenta Laporta son múltiples y desde muchos frentes. En lo deportivo, dos sobre todo: decidir qué hacer con Messi y renovar la ilusión de los socios.

El argentino y el presidente electo nunca han ocultado su buena sintonía. De hecho, Laporta se ha presentado como el único en poder convencer al capitán culé de que renueve, aunque para ello tendrá que cuadrar las cuentas del club, muy maltrechas. Messi tiene en su mano que la segunda venida de Laporta empiece con buen o mal pie.

Otra de las grandes dudas que se abren ahora en el horizonte es si el Barça aumentará su perfil político ahora que está Laporta de nuevo en la presidencia. Cuando dejó el Barça en 2010 fundó su propio partido político, Democracia Catalana, que se adscribió al lado independentista. Llegó a ser diputado en el Parlament y después concejal en Barcelona, pero poco a poco se diluyó conforme volvía a picarle el veneno del fútbol.

Bajo su primer mandato, el Barça fue una de las aristas del poliédrico movimiento que culminó en el Procés. Ahora que el Govern está en pleno cambio, un actor de la sociedad catalana con semejante masa como la del club blaugrana se presenta como clave. Ponerse de lado será, previsiblemente, lo mínimo que hará ahora bajo la presidencia de Laporta.

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