Un puente hacia Terabithia

Un puente hacia Terabithia - Cartel
Título V.O.:
Bridge to Terabithia
Año de producción:
2007
Distribuidora:
DeA Planeta
Género:
Acción
Clasificación:
No recomendada menores de 7 años
Estreno:
2 de marzo de 2007
Director:
Gabor Csupo
Guión:
Jeff Stockwell, David Paterson
Música:
Aaron Zigman
Fotografía:
Michael Chapman
Intérpretes:
Robert Patrick (Sr. Aarons), Zooey Deschanel (Srta. Edmunds), Josh Hutcherson (Jess Aarons), AnnaSophia Robb (Leslie Burke), Bailee Madison (May Belle Aarons), Kate Butler (Nancy Aarons), Latham Gaines (Bill Burke), Lauren Clinton (Janice Avery), Devon Wood (Brenda Aarons)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Jess Aarons es un niño introvertido, cuya única ilusión es convertirse en el más rápido de su clase, pero la nueva chica de su colegio, Leslie, le arrebata su objetivo. Lejos de enfadarse, entablan una amistad. Leslie disfruta contando historias fantásticas y Jess tiene una especial habilidad para los dibujos. Juntos crean el reino de Terabithia, un lugar secreto al que se accede columpiándose cerca de un arroyo. En él habitan fuerzas malignas, pero también mágicas criaturas que les prestan su ayuda para luchar contra el Maestro Oscuro. La factoría Walt Disney Pictures se embarca en un nuevo proyecto bajo el nombre de "Un puente hacia Terabithia". Se trata de una película fantástica en la que se crea un mundo mágico, basado en la novela que Katherine Paterson escribió a finales del siglo XX y con la que consiguió varios premios. Con ella, el húngaro Gabor Csupo firma su primer largometraje de acción en vivo después de la creación de las dos aventuras de los "Rugrats" en la gran pantalla. Csupo es un artista de animación que ha trabajado en "Los Simpsons" y que ha conseguido crear una productora independiente del género. El joven reparto está encabezado por Josh Hutcherson (Zathura, una aventura espacial) y AnnaSophia Robb (Charlie y la fábrica de chocolate). Además de ellos, podemos ver a Robert Patrick, recordado por su maléfico papel en "Terminator 2: el juicio final".

Crítica

Aunque la engañosa campaña promocional se afane en vendernos Un puente hacia Terabithia como una extensión conceptual de los borbotones mágicos de Las crónicas de Narnia, el elemento fantástico en ésta, la segunda película del húngaro Gabor Csupo, es absolutamente colateral. Enésima divagación sobre los demonios intangibles de la infancia, elegía de la amistad y, lo más importante, reivindicación a gritos del imaginario tradicional infantil, del corpus mitológico-legendario inherente a cualquier bulliciosa mente inmaculada y de una alternativa real a la contaminación intelectual de la play station y sus secuaces, Un puente hacia Terabithia es cine familiar del de toda la vida, aventurero y sabiamente iniciático como las fábulas fantásticas y semifantásticas de los ochenta. Habla de esa minoríade bajitos que no se dejan consumir por la fiebre audiovisual y que saben, aún, proyectar su imaginación virginal en un trozo de madera inútil y disfrutar a campo abierto soñando con universos imposibles. He aquí pues una ocasión propicia para compartir en familia la oscuridad misteriosa de una sala de cine, apartando a los pequeños de la idiotización progresiva del cine infantil, de animación o no, y haciendo fuerza, de paso, contra el ocio decadente y epiléptico que tiende a monopolizar su tiempo. Ahora bien: no es ésta una película de reinos lejanos, criaturas maravillosas y aventuras de leyenda. A juzgar por la estratégica manipulación del trailer, cualquiera diría que Un puente hacia Terabithia se mueve en los mismos presupuestos que La princesa prometida, Dentro del laberinto o las citadas aventuras simbológicas de C.S. Lewis. Bien al contrario el filme se aferra al presente de un par de chavales contemporáneos que buscan una fisura de escape a la rutina cruel de su universo escolar-familiar. Las estampas fantásticas, repito, son contadísimas y meramente decorativas. Por eso sorprende la película porque lo que propone casi nadie lo espera, por lo dicho y por el descarnado dramatismo, ojo, de la inercia de los acontecimientos, que plantean, y eso sí que es insólito en el cine de esta jaez, la posibilidad del dolor irreparable y la tragedia como elemento central del tejido dramático. No es una cinta redonda, se agarra al tópico cuando no sabe por qué camino adentrarse, pero sí de lo más presentable y recomendable que el cine infantil americano ha tenido a bien proponer en los últimos tiempos. No subestima la inteligencia de su público adolescente (quizá no es idónea para los más pequeños), y propone moralejas y mentes infantiles de carne y hueso con las que es muy fácil empatizar. Películas como ésta ya no se llevan, trágicamente. No conviene pues perder la ocasión de nutrir a los pequeños de la casa de buenas historias y metáforas a la altura.

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