Lost in Translation

Lost in Translation - Cartel
Título V.O.:
Lost in Translation
Año de producción:
2002
Distribuidora:
United International Pictures
Género:
Comedia Dramática
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
13 de febrero de 2004
Director:
Sofia Coppola
Guión:
Sofia Coppola
Música:
Brian Reitzell, Kevin Shields
Fotografía:
Lance Acord
Intérpretes:
Giovanni Ribisi, Scarlett Johansson, Bill Murray, Anna Faris, Akiko Takeshita

Fotogramas de la película

Sinopsis

Bob Harris (Bill Murray) es una estrella de cine estadounidense que, como muchos de sus colegas, también se dedica a prestar su imagen para anunciar todo tipo de productos en el mercado japonés. Hasta Tokyo, y muy a su pesar, debe viajar para rodar un anuncio de whisky. Y aunque le colman de atenciones, el tedio le puede, y mata las horas muertas en el bar del lujoso hotel en el que se aloja. Por su parte Charlotte (Scarlett Johansson) es una veinteañera licenciada en filosofía que ha viajado a Tokio para acompañar a su marido, un fotógrafo (Giovanni Ribisi) de una banda de rock que es más adicto al trabajo que a su matrimonio. Pero el aburrimiento también le puede y acaba en el bar en el que también está Bob. Allí se conocen una madrugada en la que ninguno de los dos puede dormir, y empiezan a charlar. Allí nacerá una increíble amistad entre dos personas perdidas en todos los sentidos: en una ciudad extraña, donde nadie les comprende y donde se encontrarán a sí mismos.

Crítica

Hay silencios que dicen mucho, a veces más de lo que uno puede pensar. Y silencios los hay a patadas en "Lost in Translation", esta auténtica obra maestra con la que nos ha queridoobsequiar Sofia Coppola, la hija del mítico Francis Ford, el hombre que parece haber dejado de lado el cine para dedicarse más a sus viñedos. Silencios y miradas. Las que nos obsequian estos dos personajes perdidos en la gran ciudad que es Tokio. Un lugar lleno de contrastes, donde las luces de neón contrastan con la luz tenue y las sombras del hotel en el que se hospedan los protagonistas; donde a pesar de que estar rodeados de millones de personas se sienten más solos que en ningún lugar del mundo; donde la televisión cumple con una función evidentemente narrativa, ya que no hace sino que acentuar esa sensación de soledad pese a que en teoría es de las pocas cosas que les puede unir a lo que han dejado en su país. Triste y divertida a la vez, la película es un muestrario donde todo tiene cabida: el humor, el drama, la ternura, la ironía, la búsqueda de uno mismo, el desconcierto, el naufragio personal, y sobre todo la inteligencia de una directora que se perfila como uno de los valores más sólidos del cine actual.Ella, como ya hizo en su momento Wes Anderson con "Academia Rushmore", confió en un actor como Bill Murray, y supo ver las enormes posibilidades dramáticas que tiene este pedazo de actor. Aquí demuestra, de nuevo, como se habían equivocado con él todos aquellos mentecatos que afirmaban que sólo era capaz de hacer mil y una payasadas -lo cierto es que las hizo-, pero que de actor dramático, nada de nada. Lo único que le hacía falta era un buen material. Y aquí lo ha tenido a su alcance. Él era el hombre perfecto para encarnar a ese actor en decadencia que es contratado para hacer un anuncio de whisky en Japón, algo que ha hecho Sean Connery. Allí conoce a una joven -magistral Scarlett Johansson, la mejor actriz con diferencia de su generación- con la que iniciará una amistad que ralla con el amor platónico. Los dos personajes comparten mucho más de lo que podría parecer en un principio, dada la diferencia de edad entre ellos. Se aburren en sus respectivos matrimonios:la mujer de él no hace más que llamarlo para preguntarle tonterías, el marido de la joven pasa de ella, y casi la trata como si fuera parte del mobiliario de la habitación del hotel donde se hospedan -de hecho muchos han querido ver en este personaje un alter-ego del ya ex-marido de Sofia-. Bob y Charlotte son dos extraños que pasan sus horas muertas y las noches de insomnio en el bar del hotel. Hasta que se encuentran. Ahí comienza esa amistad que con el paso de las horas, de los días se convierte en amor, aunque sea muy especial, muy particular. La bella historia de amor, una de las más sutiles y a la vez hermosas que se han visto en mucho tiempo en una pantalla de cine, tiene tres momentos claves. El primero sería aquél en el que ambos comparten la cama, acostados boca arriba, vestidos, sin tocarse, explicándose sus miedos, la mano de él buscando los dedos de ella y así se quedan dormidos y felices. Posteriormente está aquél en el que el actor carga en sus brazos a la chica después de una noche de juerga; llega a la habitación, la acuesta, le quita los zapatos, la arropa, le roza un brazo, paga la luz y cierra la puerta para que nadie perturbe su feliz sueño en esa noche mágica que acaba de pasar. En ese momento se puede notar el deseo que siente el hombre por la chica, pero también sabe que no puede ser. Porque la cinta narra precisamente, la historia de algo que no puede ser, y que se certifica con ese tercer momento clave, en las postrimerías de la cinta, donde él se acerca a ella y le susurra algo a ella, algo que nos resulta inteligible. Algo que puede significar muchas cosas. Todas las posibles en este mundo.

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