Ruido, mucho mucho ruido, que diría Sabina. Porque en España pasan cosas que en cualquier otro país europeo harían caer gobiernos, pero aquí no. Aquí no pasa nada, y por varias razones. La primera, porque el partido del Gobierno no tiene la más mínima intención de mover ficha, más allá del mensaje vacío de colaboración con la justicia y de "quien la hace la paga" como método de resistencia hasta que pase la tempestad de la corrupción. La segunda, porque el supuesto principal partido de la oposición, el PSOE, está preso de una división interna sin precedentes y de una falta de liderazgo, agravada por un congreso eterno, que solo les permite mirarse entre ellos, al más puro estilo "duelo al Sol" o, en lenguaje algo más moderno, el "solo puede quedar uno" de Los Inmortales. Y la tercera, porque el tercer partido en votos y escaños, Podemos, no es capaz de pasar de los golpes de efecto a articular propuestas y alternativas creíbles que permitan realmente enfrentar a los partidos tradicionales, frente al espejo, con sus contradicciones y miserias. En consecuencia, el PNV aumentará sus exigencias, C's tendrá cada vez más complicado sus equilibrismos entre su pretendido afán regenerador y su apoyo al gobierno, y el PSOE se tensionará aún más a la interna, pero el PP salvará los presupuestos y seguirá adelante, mal que bien, con la legislatura. Y aquí no pasa nada, oye.

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