En los últimos años, España se desentendió del exterior. El país se ensimismó, más atento a sus asuntos domésticos (Cataluña o el paro) que a influir en el mundo. Por ello, perdió peso en la UE, su diplomacia fracasó con las candidaturas olímpicas, se ausentó de la débil apertura de Cuba... Ahora, con la opción de Guindos al BCE, España tiene la oportunidad de asomar la cabeza.