Como a Groucho, haber ganado impide a Erdogan entrar en el club que estudiaba admitirlo como miembro. Sin separación de poderes -al menos formal- y con nostalgia de la pena capital, es difícil seducir a esa Europa a la que no le molestan los muertos en el rellano, pero sí en el vestíbulo. Rusia es menos picajosa, claro, pero su carné y el de la OTAN no caben en la misma cartera.