Irmãos e irmãs. La frontera que dibujaron por orden de las monarquías está a solamente 150 kilómetros, casi nada para las fieras cromadas que devoran el asfalto: una hora y poco y, zas, estarías allí. Del lado oriental de la divisoria lo más preocupante del fin de semana pasado, recuerden, fue el sehnsucht de Cristiano Ronaldo, quizá el portugués al que más conocemos los españoles desde el principio de los tiempos, quizá no por casualidad uno de los portugueses que también humilla con mayor grosería  la condición dulce, pasiva y consciente de que la realidad no nos necesita del pueblo más humilde de Europa, el único país donde todavía no se vive a gritos, donde cada día es como es y no como deseamos que sea. Mientras tanto, en Pedrógão Grande, del lado de allá de la frontera, a una hora y poco en una de nuestras veloces máquinas automovilísticas, el rayo de una tormenta seca inició un infierno en la tierra.

Tras la muerte injusta de inocentes, de nada sirve pedir perdón o disculparse por la desidia, soy consciente

Sólo dos grandes medios de comunicación españoles enviaron reporteros al lugar para amplificar y transmitir la voz de vuestro dolor, tan cercano y tan inalcanzable. Debo pediros perdón por una desidia a la cual, lo sé, estáis acostumbrados. Cuando España mira hacia Portugal advierte, como en un espejo inexplicable y oscuro, un vacío: nada sabemos de ese costado de nuestra tierra, al que atendemos casi únicamente durante los premios de motos de Estoril. Tras la muerte injusta de inocentes, accidental o premeditada, de nada sirve pedir perdón o disculparse por la desidia, soy consciente. Los muertos seguirán calcinados -64 al menos y por ahora- y los supervivientes no despejarán de pesadilla sus días futuros, lo admito no sólo con impotencia, sino con vergüenza hacia mis supuestos compatriotas españoles. Repaso el ranking informativo y veo que el macroincendio aparece, cuando aún no han sido oficiados los funerales de los muertos, muy por debajo de Supervivientes, la intersexualidad de nacimiento y la rueda de sospechosos habituales -Iglesias, Montoro, Sánchez, Daddy Yankee, la princesa Leia...-. Abundan también quienes insisten en la realidad temeraria que los gallegos y portugueses llevamos décadas anotando: el mono-cultivo forestal de eucaliptos y pinos, altamente rentables para las madereras y tan peligrosos ambientalmente como explosivos inestables. Toda esa monserga, irmãos, debe sonaros a ofensa cuando llega desde la íntima distancia de 150 kilómetros de vuestras aldeas carbonizadas.

Desculpas pela falla de vergonha

Jose Ángel González