Venezuela está apagada. Literalmente. Uno de los países con más riqueza en su territorio lleva cuatro días sin electricidad. Ya no es solo en las casas. El suministro tampoco ha vuelto a los hospitales. Y por supuesto, la inseguridad se ha disparado aún más, con noches de altísimo riesgo. El régimen de Maduro, paralizado, se conforma con culpar al resto del mundo. Lo que aún no ha logrado Guaidó igual lo consigue el apagón. Y que vuelva la luz.

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