Mira tengo un botón nuclear super chulo en mi mesa y le saco brillo cada día.

-Pues el mío es más grande y más poderoso.

-Pero yo lo puedo usar cuando quiera.

-El mío, al menos funciona, no como el tuyo.

No, no es la conversación entre dos niños de primaria en el patio del colegio, sino el resumen del último intercambio de amenazas entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente de EEUU, Donald Trump.

Del primero, un dictador que tiene sometido a su pueblo bajo un régimen sanguinario, se pueden esperar ese tipo de bravuconadas y fanfarronerías, solo así parece entretenerse mientras firma sentencias de muerte o envía a algún subdito a trabajos forzados. Además, tiene que justificar ante su pueblo por qué destina casi un 20% de su PIB a gasto militar en lugar de destinarlo a intentar sanear la anquilosada economía del país.

Kim Jong-un tiene que justificar ante su pueblo por qué destina casi un 20% de su PIB a gasto militar

Mucho más sorprendente es, sin embargo, ver a un presidente de la primera potencia mundial ponerse a la altura de ese tipo de personajes, por muy Donald Trump que sea uno. Es cierto que del anaranjado magnate neoyorquino también se puede esperar cualquier cosa, pero algún asesor avispado debería decirle que todo tiene un límite. Un presidente americano no puede jugar a la guerra nuclear mediante burdas amenazas infantiloides en Twitter y, sobre todo, no debe jugar a los juegos que propone un dictador.

Nada aporta al conflicto (más allá del ridículo personal) y desde luego en nada ayuda a pacificar la región que Trump respondiera ayer a las amenazas de Kim Jong-un con este mensaje en su irreverente cuenta de Twitter: "El líder norcoreano acaba de decir que el botón nuclear está en su escritorio todo el tiempo. ¿Algún miembro de su régimen agotado y hambriento de alimentos le informará de que yo también tengo un botón nuclear, pero mucho más grande y más poderoso que el suyo? ¡y mi botón funciona!"

Un presidente americano no puede jugar a la guerra nuclear con infantiles amenazas en Twitter

Con el régimen norcoreano hay que ser firme, controlar que se cumplen las sanciones impuestas por la ONU y vigilar de cerca sus experimentos nucleares. Un ejército con más de un millón de efectivos y presunto potencial atómico en manos de un lunático (me refiero a Kim Jong-un) no es para tomárselo a broma. Es una amenaza real para la estabilidad mundial y un presidente de EEUU, aunque sea Trump, debería saber manejarla con más cautela y sensatez.

Sí, ya sabemos que tiene el misil más largo, señor Trump. Jacobo Alcutén