La ética del vuelo y la tortura

IRENE LOZANO. ESCRITORA Y DIRECTORA DE THE THINKING CAMPUSOPINIÓN
Periodista, escritora y política.
Periodista, escritora y política.
JORGE PARÍS

Cada vez es más arriesgado coger un avión, y no por los accidentes. Las aerolíneas han conseguido convertir el placer de viajar en una estresante tortura. Los viajeros somos un fardo pesado que deben soltar en un aeropuerto. El incidente sufrido por un pasajero en un vuelo de United Airlines demuestra ya no un agujero ético, sino una atroz desconsideración. Ocurrió el pasado domingo. La línea aérea quería embarcar a cuatro empleados de otra aerolínea socia, porque los necesitaban para trabajar en el lugar de destino. Nótese la paradoja: los empleados tenían que trabajar, como tantos pasajeros, pero United decidió que su propio trabajo era más importante que el de cualquiera de sus clientes, que son los que les dan trabajo. Para ir a trabajar, echemos a 'gorrazos' a los que nos dan trabajo, pensó algún genio.

El caso es que pidieron voluntarios, pero nadie se ofreció. Entonces eligieron al azar y le tocó a un pasajero que también estaba obligado a llegar a tiempo a su trabajo. Se encontraba ya sentado en el avión y se resistió. Entonces llamaron a la policía del aeropuerto de Chicago y lo bajaron a mamporros. Los demás viajeros grabaron el palizón, y cuanto más crecían las visitas a los vídeos en los medios sociales, más decrecían las acciones de United Airlines. Se calcula que la compañía ha perdido 800 millones de dólares en unos días.

Parece ser que los protocolos legales permiten a las aerolíneas cobrar el billete, dejarte vivir ilusionado, ir hasta el aeropuerto, mantener tus expectativas de volar intactas todas las horas que estás en el aeropuerto y, en el último segundo, zas: echarte del avión. Esto significa que desde que compras un billete, pones tu vida en sus manos. Lejos de manejar una mercancía tan frágil como las expectativas con cuidado, su prepotencia despega con más rapidez que los aviones. Justamente porque la ley les concede tanta arbitrariedad, los márgenes para comportarse de forma ética son enormes. Una cosa es que puedas disponer del tiempo de un cliente, otra es que lo hagas, y lo último es que lo vapulees hasta sangrar. Perdonamos demasiado el maltrato. O quizá no. Esta crisis de United Airlines, sumada a la reciente prohibición de subir a un avión a unas pasajeras que llevaban 'leggings', deja por los suelos su reputación. Se lo hubieran ahorrado haciendo algo tan sencillo como anteponer los intereses de los clientes a los suyos. Al final siempre sale más barato.

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