Se hace muy complicado pensar en otro que no sea Lewis Hamilton como campeón del mundo de 2019. La Fórmula 1 está en manos de lo que quiera Mercedes y esta, en lo que quiera el británico. Tres carreras, tres dobletes, de los cuales dos han sido con el pentacampeón por delante de un Bottas que poco puede hacer.

La realidad, a día de hoy, es que no tienen rivales. No llega al extremo de Fernando Alonso en el WEC, donde Toyota corre una categoría diferente al resto de LMP1 (ojalá fuera distinto), pero mientras Ferrari no se ponga las pilas, poco margen a la sorpresa hay. No es que lo hayan hecho todo mal, pero poco bueno se puede rascar de un equipo que aspiraba a ser campeón este año y que da gracias por llevar dos podios.

Mercedes no puede dormirse en los laureles tampoco. Si quieren evitar cualquier atisbo de susto por parte de los coches rojos, que preveo más por el lado de Vettel que por el de Leclerc merced al claro favoritismo (y hasta cierto punto, entendible) hacia el alemán, no pueden jugársela a una lucha entre sus pilotos. Bottas no parece un rival a la altura de Hamilton, pero en este 2019 sí ha recuperado un poco de mordiente, como demostró con la pole del sábado en Shanghái.

Mientras Mercedes se escapa, en Ferrari deben empezar a mirar por el retrovisor. En Red Bull tienen a un bicho como Max Verstappen, dispuesto a todo por demostrar que está a la altura de los mejores. No tanto en Pierre Gasly, al cual está humillando el neerlandés hasta límites insospechados, pero eso ya lo hablaremos más adelante. Seguro que pronto hay novedades en ese frente...