Durante estos días del Mundial femenino, muchas conversaciones han versado de lo mismo: "esto no es fútbol", "¿de verdad interesa?"... Y la respuesta es clara: sí es fútbol y por supuesto que interesa.

El partido que protagonizaron las de Jorge Vilda ante toda una campeona del mundo como las estadounidenses fue un broche agridulce, pero que deja muchas lecturas. Las de Jill Ellis tenían muchísimo más oficio, tanto en el fútbol puro como en ese otro juego que conlleva las presiones a los árbitros (el segundo penalti pitado por la húngara Kulcsar es, cuando menos, debatible), los recaditos en forma de manotazos o esa manera de gestionar los encuentros que sólo consiguen los grandes equipos. A las españolas no las intimidaron. Lucía García es el camino a seguir: desparpajo, valentía, una sonrisa y sobre todo muchas ganas de comerse ese mundo que se abre.

Ahora que el fútbol femenino empieza a suscitar odios, y no hay mayor prueba de éxito que la existencia de los 'haters' (el factor Real Madrid es indispensable en este sentido), es el momento de reafirmar la apuesta por ellas. Sin paternalismos, y simplemente por disfrutar. Francia 2019 ya es historia para España, no sólo porque ya han ganado partidos, sino porque han plantado cara a dos de las grandes favoritas, Alemania y Estados Unidos. El objetivo es ahora Argentina 2023, y quien quiera, queda sitio en el barco.

Nombres como Lucía García, Virginia Torrecilla o Jenni Hermoso ya no son desconocidos. Esta es la nueva dimensión.