La mano que mece el Tsunami

CARMELO ENCINAS. DIRECTOR DE OPINION DE '20MINUTOS'
Un manifestante echa al fuego un cartón durante la segunda jornada de protestas en Cataluña contra la sentencia del juicio del procés.
Un manifestante echa al fuego un cartón durante la segunda jornada de protestas en Cataluña contra la sentencia del juicio del procés.
Enric Fontcuberta / EFE

Un error histórico. El independentismo catalán ha perdido ante España y ante el mundo el envoltorio pacifista que, además de cierto respeto interno, le granjeaba un alto nivel de empatía externa a sus promotores. La reacción a la sentencia delprocés dinamita ese capital que los soberanistas gestionaban como un tesoro. Si la defensa que hizo Quim Torra de los CDR detenidos con explosivos ya era incompatible con el discurso 'gandhista' que nos pretendían colar, lo acontecido en las calles de Barcelona choca con ese supuesto espíritu cívico hasta hacerlo indefendible. Los primeros intentos de culpar a la policía de provocar los incidentes resultaron patéticos a la vista de los encapuchados lanzando objetos y quemando coches y barricadas, aunque no tanto como el absurdo del Govern tratando de defender a un tiempo a los manifestantes y a los Mossos que cargaron contra ellos.

Es obvio que el llamado Tsunami Democrátic se les desmadró. La plataforma que promueve las protestas callejeras se gestó en la reunión de septiembre en Ginebra a la que, convocados por Puigdemont y Torra, acudió lo más irracional del separatismo. Se trataba de fundir en una fórmula etérea la desobediencia civil y responder unidos a la sentencia del Supremo. Por lo que cuentan, no todos compartieron el entusiasmo del visionario de Waterloo con esa idea surgida del entorno de la CUP. Sabían que comportaba riesgos enormes pero el delirante Consell de la República la bendijo hace un mes. Alimentaron la bicha con recursos económicos, logística y apoyo en las redes sociales y ahora les llaman infiltrados.

Me pregunto cuánta mendacidad y cuánto disparate está dispuesto a tragar el colectivo independentista. La Policía sabe que se enfrenta a un movimiento muy estructurado y con una estrategia minuciosamente trabajada. Su proceder en los inicios de la protesta evidencia un intento de copiar las tácticas de las revueltas en Hong Kong. Tal y como ocurrió en la excolonia británica su intención fue irrumpir masivamente en el aeropuerto de El Prat hasta colapsarlo. El cierre prolongado de las instalaciones habría logrado una repercusión enorme dentro y, sobre todo, fuera de España. En eso fallaron, no contaron con la experiencia y la capacidad operativa de las Fuerzas de Seguridad allí destacadas, que dista mucho de la torpeza e impericia con que la Policia china gestionó la revuelta en el aeropuerto de Hong Kong. En El Prat hubo trastornos importantes, pero más del 90% de los vuelos operaron con normalidad.

El aeropuerto barcelonés es una gran fuente de ingresos para Cataluña y de forzar su clausura habría puesto en el disparadero al presidente de la Generalitat. Puede que la orden de retirada que recibieron los manifestantes no sea ajena a esa circunstancia y entonces Torra aún conservara alguna influencia sobre el monstruo que contribuyó a engendrar. Tanto él, con su silencio cómplice de tres dias y su paniaguada condena de ayer, como Puigdemont, salen quemados de las hogueras del Paseo de Gracia ante su propia parroquia aterrada por las escenas de violencia que propiciaron jaleando a los radicales. Ambos mecieron la cuna de un tsunami que se les fue de las manos y les comió.

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