En mil años, todos muertos

Carmelo Encinas  Director de Opinión de '20minutos'
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

No hay forma de detener el tiempo. Dicen que lo más inteligente es vivir el momento, aquel carpe diem que acuñó el poeta Horacio medio siglo antes de Cristo, pero lo cierto es que la vida sigue siendo eso que  nos pasa mientras planificamos el futuro. Tiene sentido, los planes se alimentan de esperanza o ilusión, carburantes  indispensables para sentirse vivo. Así lo entendía Stephen Hawking quien aseguraba no temer a la muerte pero no tenía prisa por morirse porque aún le quedaban muchas cosas por hacer. Puede que la mayor hazaña de este científico, que revolucionó la manera de entender el universo con sus estudios sobre el big bang y los agujeros negros, fuera llegar a los 76 años con una enfermedad degenerativa radical. Su ejemplo de superación personal ya hubiera merecido de por sí el Premio Nobel que nunca le otorgaron. La suya era una mente prodigiosa atrapada en una anatomía en ruinas. Le mantuvieron vivo sus proyectos de investigación paradójicamente impregnados de fatalismo. Hawking aseguraba que, para tener futuro, la humanidad a largo plazo tendrá que abandonar la Tierra.

Garantizar su futuro es lo que clamaron el sábado en las calles decenas de miles de jubilados españoles. La suya no es una causa partidista, aunque cada cual pueda impregnarla de la ideología que quiera. Solo pretenden asegurar la retribución que se ganaron durante años cotizando religiosamente al sistema Publico de pensiones y vivir tranquilos. El debate acontecido el miércoles  en el Congreso de los Diputados no logró proporcionar esa tranquilidad, ni a ellos ni a quienes están en puertas de la jubilación, y menos aún a los que  la ven lejana. Los esfuerzos del presidente por presentar un futuro halagüeño para las pensiones, de mantener la hoja de ruta que marca su gobierno, chocó con el propio ejercicio de realismo que hubo de hacer para defender la devaluación inexorable a que las somete. Decir que las pensiones subirán "lo que se pueda" no es para dormir tranquilos.

Tampoco la oposición sosegó a nadie. Hubo de todo, ideas interesantes, algunas ocurrencias y también demagogia, esta última la peor receta imaginable. Los males que aquejan al sistema de pensiones requieren doctores en Medicina, no curanderos ni charlatanes de feria. Por eso lo más inquietante del debate fue su inmersión en la refriega partidista, cuando lo que se precisa es un gran acuerdo dentro del denostado Pacto de Toledo.

Hawking definía la inteligencia como la habilidad para adaptarse a los cambios y es obvio que el sistema de pensiones exige cambios estructurales profundos. Una terapia integral, técnica y rigurosa que garantice la sostenibilidad de la estructura y el poder adquisitivo de sus beneficiarios. El astrofísico británico fallecido el miércoles decía también que la humanidad tiene un margen de mil años para viajar a las estrellas antes de autodestruirse. Usemos mientras la inteligencia, al menos hasta que estemos todos muertos.

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