El 76% de los votantes españoles culpa a los políticos de la incertidumbre en la que vivimos, según una encuesta de Metroscopia para 20minutos. Seguro que un porcentaje similar de políticos cree que el problema es que los ciudadanos hemos votado mal. A pesar de que fueron unas elecciones con récord de participación, la hemos liado con tanta pluralidad y el debate de investidura no termina de dar frutos.

Igual el error no estuvo en el voto, sino en las opciones que teníamos. Me parece genial que se repitan las elecciones si la investidura no cuadra, a pesar del gasto y de que Europa nos pegue un tirón de orejas. Eso sí, que cambien de candidatos. La fragmentación ideológica ha triplicado el escenario político, pero los líderes siguen cortados por el mismo patrón.

Para empezar, no hay ni una mujer al frente de los principales partidos. Todos presumen de feminismo y Sánchez ha colado en su discurso de investidura la igualdad entre sus prioridades, pero la realidad es que tenemos un partido que se cambió el nombre a Unidas Podemos y sigue teniendo un líder al frente. Es el mejor ejemplo de la era de la política del postureo en la que vivimos.

Tampoco ningún aspirante suma más de medio siglo, como si la juventud fuera un grado y no justo lo contrario (me deja de piedra que gente casi de mi quinta se vea capaz de llevar un país y a mí se me haya olvidado por tercer día consecutivo comprar la arena del gato).

Dejarnos sin gobierno convertiría a nuestros políticos en unos irresponsables que están tratando de cuadrar sus proyectos personales y no los del bien común. Los españoles hemos votado correctamente un multipartidismo que ha venido para quedarse; los políticos, por mucho que intenten mirar a otro lado, saben que el escenario va a tener que ser nuevo.

A los catastrofistas que auguran apagones tipo Venezuela con Podemos en el Gobierno, debería preocuparles más que los mejor preparados en ese partido para agarrar carteras hace tiempo que salieron por no darle la razón a su líder. A ver cómo lo hace Iglesias para asumir diferencias, ya no para investir a Sánchez, sino para mantenerse un paso atrás toda una legislatura.

Le va a tocar aprender a querer más a nuestro país que al que los independentistas catalanes se creen que tenemos secuestrado. También tiene que quitarse de encima la rebeldía de estudiante de Políticas y hacerse de una vez la foto con la bandera de una España que cada vez es más compleja.

Aquí ya no hay mayorías, sino votantes de izquierdas, derechas, centro, liberales, feministas, ecologistas, nacionalistas y hasta los que quieren retroceder con la ultraderecha. Somos muchos y los que nos representan tienen que tejer alianzas hasta que el 100% de los españoles deje de vivir en la incertidumbre.