Se acerca la hora de la verdad para conocer si habrá elecciones en noviembre una vez que se dirima si Iglesias rechazará o no una investidura de Sánchez por tercera vez, tantas como San Pedro negó a Jesucristo, teniendo en cuenta que ni el PP ni Cs parecen estar por la labor de apoyar al presidente en funciones, al menos de momento.

En caso de que se opte por unos nuevos comicios, las cuentas para conformar gobierno seguirán sin salir dada la fragmentación del voto y por más que los empresarios se empeñen en reclamar un gobierno estable, con un horizonte de cuatro años, capaz de impulsar las reformas necesarias en un contexto mundial difícil y en el que es necesario que los Estados se posicionen.

No hace mucho, Iglesias advirtió en el Congreso a Sánchez de algo que parecía una obviedad y que seguro que el líder del PSOE tiene en cuenta, y es que "nunca" será presidente del Gobierno sin el apoyo de Unidas Podemos, a menos que pacte con Cs o PP.

Bajo esta premisa, y en caso de que PSOE y Unidas Podemos sigan sin acuerdo, a Sánchez le quedan solo dos alternativas para ser presidente tras unas nuevas elecciones: una, que Cs no dé el sorpasso al PP, se fuerce entre sus filas la dimisión de Rivera y el partido apoye un gobierno del PSOE; o que Cs supere al PP y sea este último el que se abstenga en la investidura de Sánchez.

La opción de una mayoría absoluta del PSOE está descartada, por mucho que alguien crea en El Secreto de Rhonda Byrne; y la de que gobierne la derecha casi también; todo ello en un contexto económico favorable hasta ahora, sobre el que se ciernen nubarrones, y en el que es necesario ofrecer algo que es fundamental: confianza.