La Federación Española de Fútbol está empezando a hacer de la confrontación un modelo de gestión. Esta semana, por no recapitular demasiado, está judicializada la transmisión televisiva de la final de Copa entre Valencia y Barcelona por el conflicto con Mediapro y se anuncia la ruptura, por las bravas, de un acuerdo firmado hasta 2026 con Adidas. La memoria en el fútbol debería ser importante y la lealtad institucional con un patrocinador histórico aún más. Es lícito querer cambiar las cosas si parecen injustas y pretender equiparar tu caché con el de las grandes selecciones mundiales. No es normal que Alemania cobre ocho veces más que España, eso lo puede entender cualquiera aunque esté firmado, pero no se pueden manchar 35 años de relación con comunicados ambiguos, que manejan términos tan delicados como la transparencia. Antes del comunicado, se debería haber agotado la vía del diálogo. Adidas no se lo merece. La Federación se ha vuelto a equivocar en las formas, en la sensibilidad con quien ha acompañado a la Selección en los títulos, pero sobre todo en los tiempos oscuros, cuando había problemas hasta para pagar los sueldos de los empleados en el ente federativo. Adidas, entonces, estuvo allí. Encima, son varios los internacionales que visten Adidas. La camiseta solo debería mancharse sobre el terreno de juego.