Vicente Vallés  Periodista

La crisis que no ha terminado

Sánchez y Calviño en el Congreso.
Sánchez y Calviño en el Congreso.
EFE

La interpretación de los números es libre, pero los números son los que son. Al hacer previsiones económicas el papel lo aguanta todo, pero luego llega la realidad, que es tozuda. En las últimas semanas, varias instituciones importantes han enfriado el entusiasmo económico que las fuentes oficiales españolas llevan tiempo tratando de trasladar al ánimo de los ciudadanos, angustiados como estamos por la calamidad económica que ha sido provocada por la calamidad sanitaria.

Donde el Gobierno prevé un crecimiento de nuestra economía del 6,5% para este año, el Banco de España augura dos décimas menos, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), ocho décimas menos. El Instituto Nacional de Estadística (INE), un organismo oficial del Estado, ya congeló las sonrisas cuando certificó que el crecimiento previsto para el anterior trimestre, que era del 2,8%, se había quedado, en realidad, en el 1,1%.

Pero también tiene un aspecto negativo: confundir nuestros deseos con la realidad y, como consecuencia, errar en el análisis y en las medidas a aplicar

Hay datos menos conocidos, pero también importantes, como que en el tercer trimestre se han reducido las exportaciones, según el Ministerio de Industria y Comercio. La subida del precio de la energía tampoco ayuda a las empresas, lo que frena el empleo. Y la factura de la luz provoca un efecto en cadena que ha hecho subir el IPC hasta el 4%, el peor dato en años. Moncloa no ha querido rebajar sus propias previsiones. Esa obstinación tiene un aspecto positivo, que es ponerse un objetivo importante, aunque sea difícil, para intentar alcanzarlo. Pero también tiene un aspecto negativo: confundir nuestros deseos con la realidad y, como consecuencia, errar en el análisis y en las medidas a aplicar. Y algo aún peor: que se haga un mal uso político de datos que se alejan de la verdad.

La economía tiene la suerte de estar anestesiada por las decisiones que se han adoptado en Bruselas. La Unión Europea promete regar con miles de millones de euros a los países que, como España, lo puedan necesitar. Y eso ocurrirá durante un tiempo. Pero la anestesia económica, como la terapéutica, tiene un límite temporal. 

Eso no ocurrirá de inmediato. Hay margen. Pero debemos estar preparados para ese momento, porque la duda no es si ocurrirá, sino cuándo 

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, ya ha dicho que los efectos últimos de la crisis los conoceremos cuando la Comisión Europea retire las medidas de apoyo. Eso no ocurrirá de inmediato. Hay margen. Pero debemos estar preparados para ese momento, porque la duda no es si ocurrirá, sino cuándo. Y, quizá, también sea curioso saber quién lo pedirá. Porque no podemos descartar que quien al final dé el aviso para cerrar el grifo del dinero y exigir a países como España que recorten su déficit y su deuda pública no sea la liberal canciller alemana Angela Merkel, que ya está de salida, sino su previsible sucesor en el cargo, el socialdemócrata Olaf Scholz. 

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