Cinco horas con Lola

Rebeca Marín Periodista y escritoraOPINIÓN
Cartel de la obra 'Cinco horas con Mario' con la actriz Lola Herrera.
Cartel de la obra Cinco horas con Mario con la actriz Lola Herrera.
AYUNTAMIENTO DE HUELVA

Para Lola Herrera, 5 horas se han convertido en 40 años. La actriz vuelve a representar en Madrid Cinco horas con Mario, la obra de Delibes en la que encarna de nuevo a Carmen Sotillo. La viuda de Mario, que en un monólogo imaginario con su difunto marido, le reprocha y se lamenta por la vida insulsa, vacía que ha tenido junto a él. La Carmen de Delibes es una mujer conservadora, de derechas, provinciana con aspiraciones, reprimida, rota por dentro tras haberse callado tantas cosas, tras haber claudicado a muchas otras. Prejuiciosa y resentida, obligada a una vida que no quería, a morderse la lengua y mojarse las ganas en el café, como decía Ana Torroja.

Curiosamente, Mario también era el protagonista de la canción de Mecano. Un profesor de universidad venido a menos, un intelectual meapilas y ausente de su vida, de sus aspiraciones, de sus intereses sociales y carnales por supuesto. Un texto estrenado en una época en la que se aspiraba a tener un 600 y donde se luchaba por la legalización de la píldora

Una época no tan lejana si se cambia el 600 por el Cayenne, la píldora por el aborto en Argentina y a Carmen Sotillo por Inés, María o Conchi, muchas mujeres que hoy siguen estando en el rincón olvidado del cosmos de un Mario.

Una obra de tal universalidad que trasciende épocas para aterrizar en la nuestra porque hay cosas que no han cambiado por muchos avances que se hayan conseguido. Mientras haya partidos que quieran seguir llamando violencia doméstica a la violencia machista, Carmen Sotillo seguirá existiendo. Porque los abusos hace años ocurrían, pero no se contaban, hoy hemos logrado que se cuenten, pero todavía falta un paso más importante y es que dejen de ocurrir.

Teniendo a esa mujer de voz poderosa, pero calmada, pelo níveo y gestos serenos todo cobra sentido. Cuando ella, la propia Lola Herrera, me dice que todavía queda mucho por hacer. Una mujer que comprende al personaje de Delibes, pero no lo justifica. Una mujer que, con 85 años, vivió el franquismo, la transición, la época en la que una mujer tenía que pedir permiso para poder abrir una cuenta o viajar al extranjero, una mujer que no se escuda en el comodín generacional para ver con claridad que la lucha no ha terminado, que sigue habiendo muchos obstáculos que perpetúan la desigualdad

Sigamos trabajando para que en la vida haya más Lolas y menos Cármenes. Pero sobre todo, menos Marios.

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